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OLINDA MASSARE DE KOSTIANOVSKY


  LA INSTRUCCIÓN PÚBLICA EN LA ÉPOCA COLONIAL (OLINDA MASSARE DE KOSTIANOVSKY)


LA INSTRUCCIÓN PÚBLICA EN LA ÉPOCA COLONIAL (OLINDA MASSARE DE KOSTIANOVSKY)

LA INSTRUCCIÓN PÚBLICA EN LA ÉPOCA COLONIAL

OLINDA MASSARE DE KOSTIANOVSKY

Prólogo a la 2ª Edición de R. ANTONIO RAMOS

3ª Edición aumentada y corregida

Universidad Católica “Nuestra Señora de la Asunción”

Biblioteca de Estudios Paraguayos – Volumen Nº 92

Director: JOSÉ ZANARDINI

Colección Bicentenario

CEADUC – Centro de Estudios Antropológicos de la UCA

www.ceaduc.uca.edu.py

Tel.: (595-21) 44 10 44 extensión 252

Asunción – Paraguay

Julio 2011 (516 páginas)

 

 

PRÓLOGO A LA 2ª. EDICIÓN

 

         La Sección Historia de la Facultad de Filosofía en los pocos años que lleva de existencia ha dado los más sazonados frutos. De sus aulas ha salido un grupo brillante de historiadoras, las primeras que aparecen en el cielo cultural del Paraguay. Es digno de hacer resaltar este desarrollo de la intelectualidad femenina de la República, tanto más resaltante cuando que en este 1975 se celebra el año universal de la mujer.

         Entre las que más se han destacado en la labor historiográfica de esta última década figura la doctora Olinda Massare de Kostianovsky. Ocupa entre sus colegas un lugar de preferencia por su vocación de investigadora. Visitante asidua del rico repositorio que constituye nuestro Archivo Nacional, allí, en medio de los añejos documentos, la doctora Kostianovsky encuentra la base sobre la cual descansan sus afirmaciones. Por lo tanto, ellas tienen la consistencia de una sólida construcción que descansan a su vez, en cimientos capaces de sostener una construcción maciza y duradera.

         Joven todavía, la doctora Kostianovsky, sigue trabajando por el sendero luminoso que se ha trazado, lo que le permitirá alcanzar los más altos destinos en el futuro de la historiografía nacional. Su ya fecunda labor de investigación se completa con la noble tarea de la enseñanza. Profesora de la Facultad de Filosofía de la Universidad Nacional y en la de la Universidad Católica "Nuestra Señora de la Asunción" contribuye con su sabiduría a la formación de la juventud en las fuentes fecundas de nuestra gloriosa historia.

         Su primer libro, "La instrucción pública en la época colonial", obra rigurosamente documentada, mereció elogiosos comentarios de historiadores nacionales y extranjeros. El ilustre Efraím Cardozo, Maestro de la historiografía paraguaya contemporánea, afirma: "Su libro sobre la cultura durante el período colonial no es la obra de un principiante. Es toda una obra, sin exageración, maestra, tanto por el tema elegido, por la rigurosa metodología, por su construcción arquitectónica, como por su diáfano estilo. La imponente masa documental utilizada, y la inserción de lo más importante de ella en el apéndice, avalan lo que este trabajo significó como investigación de primera mano. Las virtudes científicas transparentadas en esta primera producción volvieron a traslucirse en sus posteriores".

         Por su parte, el Dr. John Hoyt Williams, profesor de Historia de la Indiana State University, Estados Unidos de América, sostiene, refiriéndose al libro de la Doctora Kostianovsky, "que constituye una valiosa monografía sobre la cultura colonial del Paraguay".

         Sin duda, que el libro que nos ocupa reúne en su elaboración las condiciones de una obra construida con el más riguroso método historiográfico, con una documentación inédita importante que le da autoridad y consistencia. La obra servirá no sólo como aporte útil a la juventud estudiosa, sino también como instrumento de consulta para quienes quieran profundizar sus conocimientos acerca de "la instrucción pública en la época colonial".

         La obra alcanzó una importante difusión hasta el punto que la primera edición está agotada, lo que impulsó a la autora a lanzar una segunda.

         Pará esta edición la doctora Kostianovsky recurrió nuevamente a las fuentes del Archivo Nacional con el objeto de enriquecer su obra, completándola con capítulos que no figuran en la primera. Por lo tanto el libro arroja un interés mayor por las revelaciones que presenta.

         La historiadora ha hecho importantes agregados a su obra, como son los capítulos referentes a las leyes protectoras de los indios en la época de Hernandarias, y las famosas dictadas por Francisco de Alfaro. La madre Francisca de Bocanegra, fundadora de la "Casa de Recogidas y Huérfanas" ocupa la atención de la autora con el aporte de nuevas fuentes documentales.

         A estos capítulos se debe agregar los que tratan de los maestros y de sus materiales didácticos y del famoso catecismo de San Alberto. En cuanto a la enseñanza en las reducciones jesuíticas despiertan interés las referencias al arte dramático y a las obras impresas en las mismas reducciones.

         En la segunda parte de la obra se destacan lo relacionado con el sínodo de 1603 y con las autoridades e intelectualidad en la Provincia Jesuítica del Paraguay. Completa el importante trabajo el apéndice con indicación, de documentos, libros y artículos que abonan la bondad del libro. También en el mismo apéndice figuran 215 fichas y la reproducción de 19 documentos que, como las fichas, se relacionan con la educación colonial hasta 1811, año de la independencia. Este apéndice constituye un valioso aporte para los que quieran profundizar el estudio sobre el tema durante el período de la dominación española.

         La obra de la doctora Kostianovsky viene a llenar un vacío de nuestra historiografía. Su densidad documental y su exposición clara y elegante dan la medida de su capital importancia. Es el primer libro orgánico sobre la instrucción pública en el período colonial que servirá de guía a los estudiantes y a los que quieran profundizar sus conocimientos acerca de este tema básico de la cultura nacional.

         Esta segunda edición con los nuevos y bien documentados capítulos dan a la obra un carácter de novedad y de originalidad que hacen de ella a creación de primera magnitud.

         La doctora Olinda Massare de Kostianovsky, con esta manifestación de su talento y de su vocación a la investigación de nuestro pasado presta un servicio de indudable categoría a la cultura de la República.


R. ANTONIO RAMOS

Asunción, junio de 1975.

 

 

 

EL COLEGIO JESUITA DE LA ASUNCIÓN

 

         Objeto de ineludible consideración es la investigación de todas las órdenes religiosas que vinieron a nuestra colonia, y que dejaron sus huellas tras las del conquistador, jalonando nuestro suelo con iglesias, conventos y colegios de suma importancia en la época.

         No obstante carecerse de una crónica completa y detallada de cada una de las cuatro órdenes establecidas en el Paraguay, puede afirmarse que todas cumplieron con inmensa abnegación su papel fundamental de instruir a la niñez y evangelizar a los naturales. Sobre la base de las investigaciones que realizamos, referiremos su activa y positiva actuación en la colonia como educadoras.

         Mérito relevante de la personalidad de Hernandarias es su constante bregar por la instrucción de los niños. Con el convencimiento de que la mejor herencia para los hijos de su tierra serían los beneficios de la enseñanza, insistió en sus cartas al Rey sobre la urgente necesidad del concurso de los jesuitas, para la apertura de un establecimiento de enseñanza superior, ya que la falta de recursos hacía imposible la creación de una Universidad (1).

         Los jesuitas tenían fama de buenos pedagogos. Dirigían con notable habilidad la enseñanza de la juventud española; sus sistemas educativos habían despertado la admiración del mismo Leibniz, filósofo y matemático alemán, y fueron considerados excepcionales por lord Bacon, filósofo inglés. Cabe mencionar que, por orden del propio San Ignacio de Loyola, se había incluido en sus programas la enseñanza de la medicina y del derecho.

         En estos términos agradecía Hernandarias, lleno de alegría y con efusión, la llegada de los sacerdotes: "En nombre de esta Provincia del Paraguay beso a Vuestra Majestad los pies por el gran bien y merced que V M. nos hizo con los ocho Padres de la Compañía de Jesús, que nos envió inclinándose Vuestra Majestad a nuestra suplicación que sobre esto habíamos hecho; parte de ellos han quedado fundando en nuestro puerto de Buenos Aires y parte han ido haciéndolo en las ciudades de arriba. Pero por ser pocos no pueden acudir a los gentiles que hay en muchas partes, a los que hay que reducir y bautizar; tampoco pueden acudir a los pueblos; muchos trabajos pasan pues en convertir almas. Han nombrado por procurador al Padre Juan Romero, que hace muchos años que trabaja en nuestra Provincia y la de Tucumán, siendo rector, para que traiga más Padres. Suplico a V M. se los mande dar porque serán de gran servicio de Nuestro Superior y de Vuestra Majestad" (2).

         Logró así Hernandarias su objetivo: el establecimiento definitivo de la Compañía de Jesús en el Paraguay. En 1607, fue creada la Provincia Jesuítica del Paraguay, con afluencia de religiosos de la Orden, cuyo principal objetivo fue la evangelización de los indios y la instrucción de los españoles y criollos; "así en lo que es gramática como en las demás cosas y artes".

         La idea fue acogida con euforia. Hernandarias les obsequió con tierras para su labranza y el sustento del futuro Colegio; el Cabildo de la Asunción adjudicó una parte de la Plaza Pública para levantar el edificio, y varios vecinos acaudalados hicieron donaciones (3).

         En 1607, escribía desde la Asunción, el entonces Obispo de esta Sede, Monseñor Reynaldo Lizarraga, y manifestaba al Monarca español que había recibido la Real Cédula fechada en Valladolid el 3 de mayo de 1604, sobre la conveniencia de fundar allí un Colegio en que los padres Jesuitas leyeran Gramática, Artes y Teología.

         Excelente idea era ésta a juicio del Prelado, pero no era fácil rentar las necesarias cátedras por la pobreza de la Provincia. Dicha fundación "era convenientísima, pero sería menester mandar a la Provincia de las Charcas se echara alguna pensión de 4.000 pesos ensayados en tributos varios o que recaven o arbitrar algún otro medio"(4). Agregaba el Obispo que de los 4.000 pesos sería menester sacar 600 pesos para libros de diversos autores para repartirlos a los estudiantes pobres.

         El padre Diego de Torres nos informa que, fundado el Colegio en 1609, al año siguiente residían en él cuatro sacerdotes y dos hermanos. "De los padres, el uno en latín, y los dos hermanos, el uno tiene a su cargo la escuela de niños, que serán más de cuatrocientos, hijos de españoles y algunos de indios", vale decir que además de las primeras letras, comenzaba entonces el ciclo de Gramática.

         La cátedra de gramática se cree haya desaparecido en 1613, por dificultades internas de la casa.

         Los Jesuitas aceptaron el encargo dado por el Gobernador de tomar la dirección del colegio, en el cual podían estudiar las "artes liberales" (lógica y filosofía) y latinidad. Se enseñaban, además, las siguientes asignaturas: latín, arte, gramática, teología, escolástica y moral. Anexa al colegio funcionaba "una escuela primaria con más de cuatrocientos niños, españoles e indios". "De la una y la otra escuela había mucha necesidad y de una y otra esperamos muy colmados frutos", informó al Rey el padre Diego de Torres, primer Provincial de la Compañía, en Carta Anual de 1610(5). El padre Manuel de Acosta fue su primer Rector y Director.

         El gobernador Diego Marín de Negrón escribía al Monarca acerca del Colegío de la Asunción, demostrando el alto concepto de sus representantes: "En el dicho Colegio de la Asunción se podía leer latín, artes, teología para los naturales de esta gobernación, en la cual no hay estudios ninguno de los de Lima distante ochocientas leguas, con esto se crearán clérigos aptos para adoctrinar este Obispado que los que hay no lo son, y no llegan a veinte" (6).

         La escuela de los jesuitas atrajo a numerosos alumnos. Los más aprovechados daban clases de lecturas y escrituras a los novicios, bajo el control de los Padres. La enseñanza de la doctrina cristiana formaba parte del plan de estudios.

         El Colegio y la escuela sufrieron al comienzo grandes penurias, a causa de la pobreza de la tierra. A este respecto, nos cuenta, acerca del Colegio, el padre José Cardiel, que había vivido en las Misiones: "Después de 12 años que estuve en las Misiones de los Guaraníes, estuve en Colegio dirigido por Jesuitas. Estos Colegios, fuera del de Córdoba y Buenos Aires, son hunidas con tapias de adobe, y un suelo de modo de granja. En el Colegio hay 7 u 8 sujetos que se dedican con celo a que su obra dé mucho fruto".

         Aparte se refiere a los donativos constantes de la población para hacer posible el establecimiento y manutención del Colegio: "Tan cuantiosos gastos, los hay hechos partes del Colegio, parte de las Misiones de los Guaraníes, parte de los seglares piadosos, acudiendo a solicitar limosnas que no pasan de tres mil pesos. Los colegios están tan pobres que es imposible superarlos, y las gentes están cansadas de dar tantas limosnas y no pueden dar más" (7).

         El nivel de la enseñanza de los jesuitas era alto en relación a la época y el ambiente, y los niños y jóvenes de la clase directiva, hijos de encomenderos y de oficiales superiores de las milicias provinciales, integraban con preferencia el alumnado.

         En 1620, el padre Oñate escribe: "Hay en este colegio 16 de la Compañía, 7 padres, de los cuales el uno lee Casos, y 4 hermanos estudiantes, uno de los cuales lee gramática, y los 3 oyen Casos, y 5 hermanos coadjutores tiene para ayudar a las almas. No sólo los estudios de Casos de Conciencia y de Gramática que dos años há se entablaron, favoreciéndoles mucho el Sr. Obispo, que era en extremo afecto a la Compañía, y una escuela de niños muy copiosa donde se les enseña la doctrina con grande cuidado sino también una famosa congregación o cofradía de indios y la Congregación de estudiantes" (8).

         Al abandonar Hernandarias el país, se entablaron grandes disputas entre los vecinos y los jesuitas de la colonia por diversos entre los cuales el principal era el problema del servicio personal del indio.

         Al conocerse en la Asunción las órdenes Reales acerca del servicio personal del indio, los principales vecinos, muchos de ellos emparentados con las primeras casas de España, informaron que si se los privaba del servicio de indios y si se los reducía a los términos de la Ordenanza, ello los pondría en la imposibilidad de pagar al Rey lo que exigía de ellos; en realidad, si hubiesen tratado mejor a los naturales, se hubiera obtenido mayor provecho, dado el estado de esclavitud en que se encontraban los indios.

         Declaró el Visitador, en nombre del Rey, que los guaraníes y guaycurúes nunca podían ser encomendados, y que los Padres de la Compañía de Jesús serían los únicos encargados de instruirlos, civilizarlos e inducirlos a reconocer por soberano al Rey Católico, de quien eran vasallos inmediatos; que sus Misioneros recibirán para su sustento el mismo honorario que los curas del Perú (esto es, 932 pesos y 5 reales de moneda ordinaria) suma que se pagaría por las Cajas Reales.

         El padre Torres pidió que se redujese tal honorario a la cuarta parte, asegurando que aquello bastaba a los religiosos que sabían limitar sus gastos. La paga a los Curas de las Reducciones la concedía el Rey, para su subsistencia, y era hecha con productos de los tributos de sus neófitos. Al regresar a España el visitador, estalló el odio contra los jesuitas, pues fueron acusados de autores de la nueva ordenanza.

         Las cosas llegaron a tal extremo, que los jesuitas se vieron obligados a salir de la ciudad, con lo que quedó clausurada la casa de estudio que fuera albergue de tantos jóvenes; y lo hicieron por tercera vez cuando en 1621 llegó el Obispo Fr. Tomás de Torres, enconado adversario de los jesuitas, que se había hecho famoso por su inteligencia e ingenio en la Universidad de Lovayna, quien, según nos refiere Pedro Lozano, "empezó a vomitar contra la religión de  Compañía el veneno que abrigaba desde Europa en su pecho" (9).

         La realidad era que los jesuitas gozaban en el Paraguay de una situación que había de despertar la envidia de muchos; no se les miraba con buenos ojos y pagaban harto cara la protección que dispensaba el Rey Católico a todas sus empresas.

         Trataron de calumniarlos en publicaciones dirigidas contra ellos; el P. Francisco del Valle fue acusado judicialmente de haber revelado el secreto de la confesión y de haber abusado de una mujer. Lo mismo sucedió con Diego Holguin, quien, en ausencia del Padre Lorenzana, que regía el Colegio de la Asunción, había sido encargado por el Comisario del Santo Oficio de suplirle en el ejercicio del cargo. Su exactitud en cumplir con su obligación había desagradado a varias personas, por lo cual lo calumniaron al regreso del Comisario. Este, que no lo quiso oír, le mandó se presentase a dar cuenta de su conducta al Tribunal Supremo de la Inquisición en Lima, pero no había recorrido la mitad del camino, cuando le ordenó el retorno por haberse probado su inocencia y haberse demostrado su buena actuación. (10)

         Entre 1623 y 1626, las escuelas jesuíticas de la Asunción sufrieron un grave quebranto, hasta llegar a clausurarse, por razón de grandes pleitos "con grande dolor de los buenos, que se lamentaban de ver perderse tanta juventud y con gran regocijo los vieron abiertas con una lección docta y erudita del Padre que había de empezar a leer el curso de Artes (o Filosofía) a petición del Provisor y Cabildo eclesiástico, en habiendo formado bien en la Gramática a sus discípulos, y aunque después no correspondió el aprovechamiento de los discípulos, por los muchos estorbos de las letras que lleva consigo la tierra, al conato y diligencia del maestro. Se hicieron empero todos los actos y ejercicios literarios con mucha solemnidad y asistencia de toda la ciudad" (11).

         El Colegio quedó clausurado en 1629, y, en vista de ello, en acuerdo de febrero de 1630, el Cabildo Metropolitano resolvió habilitar su propio local para el funcionamiento de otra escuela bajo la dirección del maestro Juan Domínguez (12).

         Cuando el obispo Torres abandonó el país, el Cabildo Secular y Seglar dirigió al Rey un oficio en él cual pedía el pronto restablecimiento de los cursos, "atento a la pobreza de la tierra y que no podían sustentar seminarios, ni maestros, ni se hallaban al propósito". El P. Nicolás Mastrillo Durán, Provincial de la Compañía, se mostró "gravemente sentido que aviendo tres veces la compañía puesto allí los estudios, otras tantas ellos no más que por su antojo los hubiesen quitado, por lo cual no convenía a nuestra autoridad y buen nombre ponerlos la quarta" (13).

         Los Cabildantes insistieron en el pedido, y se sometieron de planos; todas las exigencias de la Compañía. El padre Durán no esperó que surtiera efecto la petición de la Corona, que sólo buscaba "de hacer las calumnias mentiras que avian escrito al Consejo, refutándolas ellos con sus misma palabras".

         Fueron varias las exigencias impuestas por los jesuitas para su pronto restablecimiento. El Prelado revistió en seguida a los jesuitas de todas sus facultades; el gobernador expidió una patente según la cual todos los Superiores de la Compañía quedaban autorizados a fundar Reducciones en toda extensión de su gobierno, con todas las atribuciones que pueden dar a los Ministros del Evangelio los Reyes Católicos como delegados de la Santa Sede y patrones de todas las Iglesias de Indias de la América Española. Levantáronse Actas de estas atribuciones, en las cuales firmaron el Gobernador y el Rector del Colegio (14).

         Concedió la reanudación de los estudios; llegó a la Asunción un maestro de latín y de artes; poco después se establecieron nuevas cátedras de gramática, teología, escolástica y moral, con asistencia de los cofrades de la Compañía y también de "muchos estudiantes de fuera y a pesar de los muchos estorbos de las letras que lleva consigo la tierra, se hicieron todos los ejercicios y actos literarios "con mucha solemnidad y asistencia de toda la ciudad".

         No podemos precisar la fecha exacta, pero fue hacia el año 1680 cuando los jesuitas establecieron en sus colegios de la Asunción tres cátedras de estudios superiores: la de Filosofía, la de Dogma y la de Moral. Medio siglo más tarde, en 1739, eran dos las de Filosofía y dos las de Teología, y en esos años los profesores de las mismas eran los padres Ignacio de Leiva, bonaerense, y Roque de Rivas, paraguayo.

         Cinco años más tarde, hallamos al tucumano Antonio Gutiérrez en lugar del padre Leiva, y ya en 1744 el tarijano Francisco Valdés había reemplazado a Gutiérrez. Un jesuita salteño, el padre Cayetano Ibarguren, era el catedrático de Filosofía en 1753, y el valenciano Jacinto Benedicto lo era en 1763 (15).

         El Colegio Jesuítico, a pesar de sus recursos, muy poco aportó al desenvolvimiento intelectual del Paraguay, según el dictamen de Anglés y Gortari, quien, en 1731, informó a los inquisidores de Lima acerca del Colegio, en los siguientes términos: "Tienen los Jesuitas escuela de muchachos, y un maestro de gramática y no se enseña ni se estudia en aquel Colegio otra ninguna facultad, y sólo en el Convento de San Francisco y en Nuestra Señora de la Merced se mantienen clases de Filosofía y Teología donde cursan los manteístas con aprovechamiento y buena formalidad" (16).

         Los religiosos del referido Colegio influyeron activamente en la vida política y religiosa de la provincia, tomando participación activa en diversas pugnas internas que se suscitaron a lo largo de la colonia. Generalmente participaban a favor de los anti-comuneros, lo que les creó muchos contratiempos. En varias oportunidades fueron expulsados de su colegio. Encontramos por primera vez a los jesuitas enfrentados al Obispo Gobernador fray Bernardino de Cárdenas, quien los expulsó en 1648, pero más tarde fueron readmitidos, a pedido del Cabildo. Nueva expulsión sufrieron en agosto de 1724, por orden de José de Antequera y Castro, a causa de su decidido embanderamiento a favor del depuesto gobernador Reyes Balmaceda. Fueron restablecidos durante el gobierno de Martín de Barúa, y volvieron a ser expulsados en 1733, por el Común alzado en armas, al recibirse la noticia de la ejecución de Antequera, pues la opinión popular los sindicaba como principales promotores de ella.

         En 1767, al producirse la expulsión definitiva de los jesuitas, tenían ya un templo de grandes dimensiones y de buena arquitectura, templo que tiempo después se derrumbó, pues su construcción no había terminado. Sus ornamentos y otros materiales fueron aprovechados para la construcción de una nueva Catedral, a la cual también se transfirió el tesoro contenido en aquél (17).

         Para poder subvenir a sus necesidades tenía el Colegio una granja grande, con una Capilla en "Tapy hipery en el Campo Grande, (actual San Lorenzo). Además, tenían fraccionados varios puestos en torno a la Capilla de Paraguarí (o Yariquias)" (18).

         La clausura definitiva del colegio causó grave perjuicio a la cultura paraguaya. Fue subsanado este terrible problema en 1783, con la apertura del Colegio de San Carlos, con un programa de estudios vasto para la época y lugar.

         Los bienes del Colegio Jesuítico se destinaron a institutos de enseñanza. El Cabildo Eclesiástico de la Asunción propuso que en la sede del Colegio, que había sido transferida a la Junta Municipal de Temporalidades, funcionaran cátedras de primeras letras, Gramática, Retórica, Filosofía Moderna y Teología Moral. Las dos últimas tenían que estar "libres de errores que hombres y literatos han notado", alusión a las doctrinas suaristas de los jesuitas (19).

         El Cabildo Secular solicitó, por su parte, que se admitieran al par a colegiales y manteístas, y que estos últimos pagaran 4 pesos anuales para el Subsidio de costa. Este buen proyecto no fue aceptado, y, por tanto, no pudo ser puesto en ejecución.

 

 

BIBLIOGRAFÍA

 

1.      Domínguez, Manuel. Las escuelas primarias en el Paraguay. Asunción, 1897, pág. 2.

         Madero, Eduardo. Historia del Puerto de Buenos Aires. Bs. As., 1892.

2.      Molina, Raúl A. Hernandarias, el hijo de la tierra. Bs. As., 1948, pág. 278.

3.      Molina, Raúl A. Ibid., pág. 280.

4.      Cardozo, Efraím. Orígenes de la enseñanza superior en el Paraguay. Historia Paraguaya, 1957, pág. 77.

         Centurión, Carlos R. Historia de la Cultura Paraguaya. Asunción, 1961, pág. 135.

         Domínguez, Manuel. Ibid., pág. 2.

5.      Pastells, Pablo. Historia de la Compañía de Jesús en la Provincia del Paraguay. Madrid, 1918, T. 1., pág. 926.

6.      Cartas Anuas de 1610 - Hernandarias al Rey.

7.      Molina, Raúl A. Ibid. p. 285.

8.      Cardiel, José. Breve relación de las Misiones del Paraguay. En Hernández, Organización II, 516-614.

9.      Velázquez, Rafael Eladio. Educación Paraguaya en el siglo XVII, pág. 83, 1963/65.

10.    Velázquez, Rafael Eladio. Breve Historia de la Cultura en el Paraguay. Asunción, 1966, pág. 74.

         Charlevoix, Francisco Javier. Historia del Paraguay. Madrid, 1910, T. 11, pág. 11.

         Lozano, Pedro. Historia de la Conquista del Paraguay, Río de la Plata y Tucumán: Madrid, 874, T. III, pág. 509.

11.    Charlevolx, Francisco Javier. Ibid., T. II, pág. 133 y siguientes.

         Hernández, Pablo. Misiones del Paraguay. Organización social de las doctrinas guaraníes, Barcelona, 1912.

12.    Furlong, Guiflerano. Nacimiento de la Filosofía en el Río de la Plata, 1536 a   1810. Bs. As., 1952, pág. 331.

13.    González, Natalicio. Proceso y Formación de la Cultura Paraguaya, Bs. As.,   1948, pág. 327.

         Centurión, Carlos R. Ibíd., pág. 135.

14.    Claarlevoix, Francisco Javier. Ibíd., T. II, págs. 142 y 217.

15.    Furlong, Guillermo. lbid., pág. 332.

16.    Anglés y Gortari, Matías de. Los jesuitas en el Paraguay, 2a Ed. Asunción, 1896,    pág. 86.

17.    González, Natalicio. Ibíd., pág. 327.

18.    Velázquez, Rafael E. Ibíd., pág. 75.

19.    Velázquez, R. Eladio. Ibíd., pág. 76.

20,    Cardozo, Efraím. Ibíd., pág. 78.

 

 

 

 

AUTORIDADES DE LA PROVINCIA JESUÍTICA

DEL PARAGUAY (1607 a 1768)

 

         Transcribimos a continuación una lista fidedigna de todos los Superiores jesuitas de las Misiones, que arribaron a la colonia y actuaron con celo y entusiasmo por el bien de los indígenas.


1.      P. Maciel de Lorenzana

2.      P. José Cataldino

3.      P. Antonio Ruiz de Montoya 

4.      P. Roque González de Santa Cruz  

5.      P. Diego de Boroa        

6.      P. Diego de Alfaro       

7.      P Claudio Ruyer 

8.      P. Pedro Romero

9.      P. Francisco Díaz Taño

10.    P. Cristóbal Mendoza  

11.    P. Cristóbal Altamirano        

12.    P. Silverio Pastor1697.

13.    P. Hernando de Santa Cruz   

14.    P. Ignacio Feria   

15.    P. Pedro Comentale      16.    P. Francisco Molina

17.    P. Luis Hernot

18.    P. Nicolás del Techo, 1674.

19.    P. Juan Suárez de Toledo.

20.    P. Diego Suárez

21.    P. Tomás de Baeza

22.    P. Alexandro Balaguer, 1681.

23.    P. Alonso del Castillo

24.    P. Juan Moranges

25.    P. Salvador Roxas, 1689.

26.    P. Joseph Serrano

27.    P. Leandro de Salinas, 1695

28.    P. Joseph Sarabia

29.    P. Bernardo de la Vega

30.    P. Luis Gómez, 1692-1693.

31.    P. Sebastián Toledo     

32.    P. Angelo Petragrassa, 1710  1743.

33.    P. Tomás Bruno 

34.    P. Mateo Sánchez          1746.

35.    P. Juan Bautista Cea    

36.    P. Bartolomé Ximénez 

37.    P. Joseph Pablo Castañeda; 19 de abril de 1718.        

38     P. Pablo Restivo; 1° marzo de 1719.        

39.    P. Pablo Benítez; 16 febrero de 1721.      

40.    P. Tomás Rosa; 18 abril de 1724.   

41.    P. José de Insaurralde, 16 set. de 1726.   

42.    P. Jaime Aguilar; 7 julio de 1730.   

43.    P. Bernardo Nusdorffer, 16 febrero de 1734.    

44.    P. Rafael Cavallero; 17 set. 1739.   

45.    P. Joseph Iberaquer; 13 agosto 1743.

46.    P. Teodoro Balenchana; 4 de oct. 1746.

47.    P. Bernardo Nusdorffer, 20 nov. 1747.

48.    P. Matías Strobe; 15 de junio de 1752.

49.    P. Teodoro Balenchana; 7 febrero de 1754.

50.    P. Antonio Gutiérrez; 19 feb. 1756.

51.    P. Jaime Passino; 19 agosto 1758.

52.    P. Roque de Rivas, Vice-Sup., 10 de feb. 1762.

53.    P. Esteban Fina, Vice-S., 14 feb. 1763.

54.    P. Lorenzo Balda.


 

 

ACCIÓN EDUCATIVA DE OTRAS ÓRDENES RELIGIOSAS.


LOS MERCEDARIOS

 

         Mención aparte merecen otras órdenes religiosas que también vinieron a la colonia para la evangelización de los naturales: ocupa un lugar importante la "Real y Militar Orden de Nuestra Señora de la Merced o de Redentores de Cautivos", fundada en 1218 en el reino de Aragón, para redimir a los cristianos cautivos del poder de los musulmanes, enemigos de la Fe. Es indispensable referirnos a esta orden, porque miembros de ella fundaron un Convento e Iglesia en la Colonia, donde no sólo se preocuparon por cumplir con su noble misión, sino también se dedicaron a la enseñanza de las primeras letras.

         Fr. Juan de Salazar, primer religioso mercedario que llegó al Río de la Plata, oriundo de Castilla, expedicionario con don Pedro de Mendoza, prestó juramento necesario y exigido por el Capitán Francisco Ruiz Galán en Corpus Christi, y el 28 de diciembre de 1537 llegó a la Asunción, donde se dedicó a servir a la Iglesia" (1).

         Dijo tener el cargo de albacea por disposición del Capitán Juan de Ayolas; quiso volver a España, pero los Oficiales Reales no le dejaron partir. En el padrón de 1553 figura Fr. Juan de Salazar como venido de San Vicente; no se menciona al compañero de Mendoza, lo cual hace presumir que hayan sido dos, razón por la cual no se puede afirmar a cuál de ellos el Gobernador Irala encomendó un treintenario de misas por disposición testamentaria, al igual que al capitán Juan de Salazar de Espinoza (2).

         Durante el Gobierno de Domingo Martínez de Irala fue fundado un convento bajo la dirección conjunta de Fr. Juan de Salazar y Fr. Juan de Almazar, convento al cual se dio el nombre de "San José del Paraguay"; en él se dio albergue a muchísimos estudiantes, y llegó a ser uno de los principales centros de cultura de la colonia.

         La denominación oficial del Convento para actos de carácter público era "Convento Grande de San José del Paraguay de la Real y Militar Orden de Nuestra Señora de la Merced". Era una casa de estudios y noviciado, cuyo abogado protector era San José" (3).

         La iglesia se hallaba en estado ruinoso. De ahí que fuese dispuesta la construcción de una nueva por el Visitador Fr. Lorenzo de Riviera, en acuerdo capitular del 28 de enero de 1691. Fue el Capitán Diego de Yegros y Vallejo, patrón del Convento, quien tomó a su cargo la nueva fábrica, ejecutándosela en sitios de pertenencia del donante y sus parientes. La obra costó 3500 pesos. El mismo Capitán Yegros proveyó lo necesario para ornamentos de la Iglesia, sacristía e imágenes. Diez días después, la Iglesia estaba completamente terminada; la campana había sido donada por Da. Ana Riquelme de Guzmán y González de Santa Cruz, esposa del Capitán y madre del mercedario Fr. Juan y José de Yegros, de excelente actuación en la orden (4).

         La Iglesia se componía de tres naves con arquería de madera; estaba pintada en varios colores lo mismo que el techo. El altar principal era un retablo dorado con cinco nichos dispuestos de la siguiente manera: "en dos de arriba estaban las imágenes de San Pedro Pascual y San José; en los de abajo y a los lados, San Pedro Nolasco y Ramón Nonato, santos de la Orden; en el centro se encontraba la imagen de Nuestra Señora de la Merced, con su vestidura de damasco blanco guarnecido con punta de oro, escudo de oro en el pecho, y el cinto de terciopelo negro adornado con doce estrellitas de plata, cabellera y corona".

         Según el documento del Archivo, esta imagen fue traída de los descendientes directos del Capitán Diego de Yegros, cuando los mismos llegaron durante la pacificación y población del Paraguay.

         Completaban la iglesia, una lámpara de plata grande que daba luz al presbiterio y una alfombra de cinco varas de largo y cuatro de ancho donada por el Gobernador don Juan Rodríguez Cotar. El convento estaba edificado en cuadro. Ocupaba el sitio donde hoy se encuentra la plaza de la Independencia. Se hallaban bajo clausura 16 celdas, que tenían sus correspondientes puertas y ventanas con cerraduras y llaves; sus patios estaban llenos de frondosos naranjos.

         En la Iglesia de la Merced recibieron sepultura personajes de la más relevante actuación en la época colonial, siendo un honor para ellos ocupar tan santo sitio. A la Excelsa Patrona se demostraba inmenso cariño y fe con la procesión que se realizaba en torno a la plaza que circundaba la Iglesia. Hacia su recorrido colocada en andas doradas; iba acompañada por todos los devotos; encabezaban el Padre Comendador, el Señor Gobernador y el Patrón del Convento con la multitud de devotos, dado que ésta fue una de las fiestas de mayor popularidad entre las de carácter religioso (5).

         El Convento mercedario fue centro de enseñanza de las primeras letras: lectura, escritura, aritmética y doctrina cristiana. Los mercedarios no se dedicaron con preferencia a la conversión de los indios, pero asistieron en gran número a negros, mulatos y zambos. Dichos pardos habitaban en la ranchería que rodeaba al convento, en una chacra situada a tres leguas de la ciudad, y, en su mayor parte, en la hacienda que la orden poseía en el Valle de Areguá, donde una capilla servía las necesidades del culto (6).

         Uno de los meritorios obispos del siglo XVII, Fr. Faustino de Casas, falleció en la Asunción en 1686, era mercedario y legó su escaso patrimonio para la terminación de la Catedral.

         Otro sacerdote digno de recordación fue el asunceno Fr. Miguel de Vargas Machuca, que tuvo a su cargo la defensa doctrinaria de la revolución comunera, en un manifiesto aparecido en 1732. Se convirtió en el ideólogo de ese movimiento popular.

         No podemos restar importancia a los criollos mercedarios, también dignos de mención, como Juan Jacques de Aranda, misionero en el Guairá, Fr. Lázaro Vallejos Chacón, misionero y gran educador; Juan y José Yegros de Guzmán.

         Después de su emancipación política, la naciente República del Paraguay no pudo mantener los cuatro conventos que le legara la colonia, y en los cuales profesaban más o menos 400 criollos que eran miembros de la importante orden de la Merced" (7).

         Una vez emancipado el Paraguay, el dictador Francia juzgó innecesaria la existencia de aquellas casas de Dios; por ello dispuso la secularización de todas las comunidades existentes, confiscó sus bienes y pertenencias y convirtió sus locales en cuarteles.

         La orden mercedaria dio grandes frutos durante su permanencia en la colonia, puesto que desde su arribo a ella desarrolló una tarea digna y edificante en el aspecto misional, espiritual y cultural" (8).


 

BIBLIOGRAFÍA

 

1.      Hernández, Pablo. "Organización social de las doctrinas guaraníes en la  Compañía de Jesús". Barcelona, 1913.

         "El extrañamiento de los Jesuitas del Río de la Plata y de las Misiones".... Madrid, 1908.

         Bibliotecas de las Reducciones del Paraguay -Estudio 38 - Bs. As., 1925. Furlong, Guillermo. "Misiones y sus pueblos guaraníes". Bs. As., 1962. Cardozo, Efraím. "Historiografía Paraguaya". México, 1959. "Historia de la   cultura paraguaya". Asunción, 1966.

2.      Furlong, Guillermo. "Misiones y sus pueblos guaraníes", pág. 316.

3.      Lozano, Pedro. "Historia de las revoluciones de la Pvcia. del Paraguay. Bs. As., t. III, pág. 288.

         "Historia de la Compañía de Jesús en la Pvcia. del Paraguay - Madrid, 1874. Cardozo, Efraím. "Historiografía pág. 265.

         Hernández, Pablo."Organización social", pág. 262.

         Lamas, Andrés. "Lozano, escritos selectos del doctor D... Montevideo, 1922, págs. 131-271.

         Furlong, Guillermo. "Pedro Lozano S. J. y sus "Observaciones a Vargas"       Librería del Plata. Bs. As., 1959.

         Leonhaldt, Carlos. "El E Pedro Lozano - Historiador rioplatense". Bs. As., 1925.    p. 201 a 232.

5.      Furlong, Guillermo. "Misiones...", p.348.

         Techo, Nicolás del. "Historia de la Provincia del Paraguay". Madrid, 1897. t. 5.

6.      Cardozo, Efraím. "Historiografía", pág. 306.

         Furlong, Guillermo. "Misiones" p. 320. 7.         Hernández, Pablo. "Organización social", 306.

         Furlong, Guillermo. "José Cardiel S. .1. y su Carta Relación/1747". Librería del Plata. Bs. As., 1953.

         Cardozo, Efraím. "Historiografía", pág. 330.

         Lozano, Pedro. "Historia de las Revoluciones..." Bs. As., 1905, pág. 367.

8.      Centurión, Carlos R. "Historia de la cultura paraguaya". Asunción, 1961, pág. 115.

 

 

 

LOS DOMINICOS

 

         "Venida con los primeros conquistadores y pobladores, la orden dominica asistió a sus luchas estupendas con el indio, que defendía palmo a palmo el dominio secular de sus bosques y que prefería mil veces rendirse ante la cruz de un rosario que ante el falconte o el lanzón de los guerreros; encabezó las primeras expediciones, y presidió las primeras ceremonias religiosas; recibió el solar que los conquistadores le asignaron para el convento, y viviendo en aquel tiempo y para aquel tiempo, el más históricamente heroico del Nuevo Mundo tuvo también sus héroes y sus mártires" (1). Con estas palabras, Fr. Jacinto Carrasco nos da a conocer la actuación de la Orden durante la conquista, y, especialmente en nuestra colonia.

         La Corona ordenó al Prior del Convento de San Pablo de la Orden de Santo Domingo que alistase dos o tres religiosos en la armada del Adelantado don Pedro de Mendoza, pero se cree que tal mandato no fue cumplido; y que sólo en 1583 aparecieron los primeros frailes de la Orden con el Obispo Guerra, quien les entregó, con consentimiento de la ciudad, tierras para la pronta edificación del Convento (la Iglesia de la Encarnación fue sede del nuevo Convento)" (2).

         Hacía ya muchísimos años que los padres dominicos se habían establecido en América, pero sólo en 1530 erigieron la Primera Provincia dominica en la isla de Santo Domingo (la Española), con el nombre de Santa Cruz.

         Tenemos referencias de que, cuando Francisco Pizarro emprendió la conquista del Perú, luego de firmar "las Capitulaciones" en Toledo en 1529, le acompañaron, por orden de la Reina, seis religiosos de la Orden de Santo Domingo, a fin de evangelizar e instruir a los naturales. Cuatro de ellos quedaron en Panamá; uno desistió y llegó al Perú, el Padre Vicente Valverde, que fue testigo ocular del apresamiento del lnca Atahualpa en noviembre de 1513 (3).

         En 1532, fue erigida en Méjico la Provincia de Santiago, por el Papa Julio II, independiente de la Santa Cruz. En 1539, el Papa Pablo III creó una nueva Provincia, la de San Juan Bautista del Perú, que comprendía las gobernaciones del Alto Perú, Chile y Tucumán.

         Cuando quedó vacante la sede episcopal en el Río de la Plata, recayó el nombramiento en fray Alonso Guerra, que vivió muchos años en el Convento del Rosario de la ciudad de Lima, y adquirió predicamento por su sabiduría y su santidad enseñando y adoctrinando a los naturales del lugar.

         La verdad es que el primer Obispo electo en el Río de la Plata fue el franciscano fray Juan de Barrios, pero no pudo hacerse cargo de la sede, porque enfermó y murió mientras se preparaba la expedición de Juan de Sanabria, en cuya armada se aprestaba a partir. Pasaron algunos años hasta que el papa Julio II designó a fray Pedro Fernández de la Torre para el Obispado del Río de la Plata. Entró en abril del año siguiente" (4). Fue el primer Obispo del Río de la Plata que gobernó jurídicamente la diócesis, pero surgieron complicaciones entre el obispo y el gobernador Felipe de Cáceres, hasta el punto de caer sobre el gobernador la excomunión y, más tarde, el encarcelamiento.

         La sede quedó vacante en la Asunción hasta la llegada de Alonso Guerra en 1585, que fue el segundo prelado que ciñó la mitra y ocupó la silla episcopal del Paraguay. El fray Guerra era "muy buen letrado, y predicador, y de muy buena vida y ejemplo" (5) por lo que el papa Gregorio XIII lo nombré Obispo, y fue designado para el Paraguay por Real Cédula del 23 de septiembre de 1577. El obispo Alonso de Guerra, vino a tomar posesión de su diócesis ocho años después, en septiembre de 1585. Fue ilusión suya traer consigo padres dominicos para que lo ayudaran en ministerio pastoral hasta el establecimiento de un convento de su orden, pero no logró ver cumplido su deseo, pues por el ambiente reinante en el ánimo de los pobladores, no pudo hacer otra cosa sino tratar de conciliar por medios pacíficos los ánimos alterados. Eran tanto los excesos que halló en su diócesis después de una larga vacancia de doce años, que él mismo escribió a Felipe II un informe titulado "Un rostro de hierro contra tantos tigres que me han acometido". Fue el dominico Alonso de Guerra quien fundó el primer Seminario de la Asunción.

         Hacia 1621 fue fundado por los dominicos el Convento de Santa Catalina Virgen y Mártir, con su correspondiente iglesia, en el solar que había sido de la Casa de Huérfanos y Recogidos, lo cual motivó una enconada disputa con el obispo Torres, pues no tenían la necesaria autorización del rey para la fundación del Convento. Fueron tres los religiosos que formaron la incipiente comunidad de predicadores: el obispo Torres, que como pastor de la Iglesia velaba no sólo por la buena marcha de la orden, sino por toda la Iglesia del Río de la Plata. El padre presentado fray Lorenzo Durán, que se hizo cargo de la dirección de la Casa, siendo el primer superior y co-fundador del Convento de Santo Domingo de la Asunción. El padre fray Esteban Martínez, hijo del capitán Alonso Benítez y de Isabel de Castro, hija ésta del conquistador Andrés Benítez. Hijo de la tierra, primer fraile paraguayo que, a pocos meses de la fundación, pronunció sus votos religiosos al obispo Tomás de Torres, uniéndose a la familia de los dominicos.

         Una vez concluida la construcción del Convento, "que aunque no era casa general de estudio, hubo siempre en él por lo menos aulas de Primeras letras y Gramática", comenzaron los estudios. Eran aulas cerradas que tenían acceso los novicios.

         Existen documentos que permiten afirmar "que existió un maestro de primeras letras en este convento", y que había maestros de novicios que se dedicaban a la instrucción de los futuros sacerdotes.

         Las Actas Capitulares del año 1770 nos permiten afirmar qué existió la escuela de primeras letras en el Convento de Santo Domingo, "Designen en sus conventos a dos maestros, uno que enseñe las primeras letras a los niños y otro gramática a la Juventud de la colonia".

         Según documentos del Archivo Nacional en el año 1682 existían dentro de la Comunidad dominica de la Asunción catorce frailes. Ellos fueron el R.P. Predicador General fray Alonso González de Guzmán, de la familia de los Riquelme y Guzmán, Vicario Provincial del Paraguay, el fray Félix de Agüero, fray Mateo Fernández, fray Dionisio Marecos, fray Juan Gómez de Abreu, Fray José Coronel, fray Gabriel Pavón, Fray Félix de la Vega, fray Sebastián de Estigarribia, fray Andrés Bernal, fray Juan Corona, fray Andrés Benítez, Fray Domingo Santucho, y fray Francisco de Roxas.

         La historia recuerda además a fray Martín Jofre Loaysa, fray Gabriel Caballero Bazán, fray Marcos García de Ros, y fray Ignacio de Orué, dominicos que dejaron recuerdos de su infatigable y fecunda labor espiritual durante la colonia.

         Después de la expulsión de los jesuitas en 1767, se crearon varias cátedras en el Convento de Santo Domingo, con sus correspondientes recursos.

         Los dominicos en la colonia no tuvieron a su cargo doctrina de indios, pero en sus estancias de Tabapy, hoy Roque González de Santa Cruz, vivía una crecida comunidad de negros mulatos y zambos, descendientes de esclavos del convento y de indios confiados a la guarda de los religiosos. Sostuvieron allí una capilla de la Virgen del Rosario y una ermita de San Pedro Mártir para la atención e instrucción de los referidos pardos y de la numerosa población española y criolla de los valles del contorno. En la zona de Capiatá, poseían tierras, y casa en la Asunción, donde negociaban con la yerba (6). Hacía referencia en su libro Francisco Aguirre que cuando visitó la estancia de Tabapy de los dominicos a fines del siglo XVII, encontró en ella al capitán fray José Agustín Cañete, que le recibió cordialmente y le enseñó la hacienda y población que existía. "Son poderosos los dominicos, tienen 400 esclavos, chacras, estancias de las mayores y mejores de la Provincia". Tabapy avalúa su costo en miles de pesos, y exclama "sólo Dios sabe el caudal que valdrá en lo futuro" (7).

         Según el informe del Capellán fray José Agustín Cañete, existían en ese año 400 cabales entre chicos y grandes. Los libres eran un poco menos, y todos cerca de 800. Los libres estaban en compañías mandadas por el Capitán mayor, y sujetos al servicio militar. Los esclavos tenían capataz que los dirigía en todos quehaceres diarios.

         El Convento dominico fue centro de grandes actividades culturales. En 1779 el papa Clemente III concedió licencia especial para dictar cursos de nivel universitario en la Asunción con los correspondientes grados de Bachiller, Licenciado, y Doctor, autorizándolos a otorgar durante ocho años títulos universitarios con previo y riguroso examen.

         Este documento de suma importancia que hace referencia en esta concesión dice así: EL REY Reverendo en Cristo Padre Obispos de la Iglesia Catedral de la Asunción del Paraguay, a mi consejo de gobernador de esa Provincia me ha hecho presente de que el Provincial de la Religión de Predicadores de esa ciudad a nombre de su religión le suplicó remitiere el testimonio que incluía del Breve del Papa Clemente Doce, a fin de que para evitar los crecidos gastos que a la Juventud se siguen (en Provincia tan pobre) de la precisión de pasar a Córdoba del Tucumán a doctorarse los ya filósofos y teólogos, y por cuya causa son pocos los patricios del clero secular que en medio de su habilidad existen graduados me digne confirmar dicho privilegio de que esta religión en esa Provincia pueda conferir a los Seculares que por un trienio estudien en ella la teología de grados de Bachiller, Licenciado, Doctor, y lo que se acostumbra dar a la facultad y que en su virtud puedan usar de ellos en todas y cualesquiera Universidades, y estudios generales y habiéndose visto en mi Consejo de las Indias con lo que dijo mi Fiscal he resuelto me informéis como os lo ruego y encargo lo que se os ofrezca; así sobre esta solicitud, como también si convendrá o no, establecerse en esa Provincia Universidad y asimismo he resuelto que en el ínterin que tomo providencia en este punto que los cursos que ganaren los profesores en las comunidades en que había estudios les sirvan, para la obtención de grados en las Universidades aprobadas.

         Hecho en San Ildefonso a nueve de octubre de mil setecientos setenta y siete. Yo el Rey.

         Ilustres profesores ocuparon sus aulas, el mismo año de la aprobación real, el P. fray Carlos Suero fue nombrado como Regente y catedrático de Suma Teología, fray Carlos Molina y José Silva resultaron electos para "el curso futuro" de filosofía, los Lectores de Artes fray José Zambrana y Pascasio Ferreira. En 1791 el fray Pascasio Ferreira ocupaba la cátedra de Teología, y fray Carlos Molina era regente y explicaba la primera parte de Santos, la cátedra de Filosofía. Cuatro años más tarde fray Gregorio Torres ocupaba la cátedra de Prima siendo primer Regente, fray Romualdo Espinoza en Filosofía y fray Manuel Caniza era Preceptor del Ilmo." (8).

         Los dominicos tuvieron vida cultural activa durante la Revolución de Mayo y durante muchos años después, hasta que el Dr. José G. de Francia clausuró el convento el 20 de setiembre de 1824, donde sus religiosos se vieron obligados a despojarse de sus hábitos y dispersarse por todo el país, haciéndose cargo de los curatos de la capital y pueblos del interior, donde sólo quedó el recuerdo y la fama de sus hijos para mayor gloria de la orden.


 

BIBLIOGRAFÍA:

 

1.      Carrasco, Jacinto. Ensayo histórico sobre la Orden Dominicana Argentina. Bs. As., 1924.

         Cháneton, Abel. La Instrucción Primaria en la época colonial. Bs. As., 1942. Lozano, Pedro. Historia de la conquista del Paraguay, Rio de la Plata y Tucumán. Bs. As., 1874.

2.      Cardozo, Efraím. La Orden de Santo Domingo en el Paraguay. La Tribuna, 8-1- 1967.

         Historia Cultural del Paraguay, As.,1966.

3.      Millé. André. Crónica de la orden Franciscana en la conquista del Perú, el Paraguay, y el Tucumán y su convento antiguo de Bs. As. As., Es. As., 1961.

4.      Bruno, Cayetano. Historia de la Iglesia en la Argentina. Bs. As., 1966.

         Cardozo, Efraím. Ídem.

5.      Bruno, Cayetano. ídem.

6.      Cardozo, Efraím. Ídem.

         Velázquez, Rafael E. Breve historia cultural del Paraguay. As., 1966.

7.      Aguirre, Juan Francisco. Diario, Tomo II. Bs. As., 1949.

8.      Durán, Margarita. Los dominicos en el Paraguay. As., 1969.

         La Sociedad Patriótica Literaria y los dominicos. La Tribuna 15-X-1967.

         A. N. A. Vol. 64 S. II. Al Obispo del Paraguay para que se haga un enorme    tocante a los Dominicos.

 

 

 

LOS JERÓNIMOS

 

         Religiosos de la Orden de San Jerónimo que se alistaron en la armada de don Pedro de Mendoza, fueron Fr. Luis de Herrezuelo, Fr. Alonso de Medina, Fr. Isidoro de Castro y Fr. Cristóbal.

         Arribaron a la Asunción, y fundaron el Monasterio de Nuestra Señora de Guadalupe.

         Estos nuevos religiosos se dedicaron a evangelizar a los naturales y a la instrucción de los mismos en las primeras letras, pero su permanencia en la colonia fue efímera, puesto que cuando la deposición de Alvar Núñez, hicieron causa común con él y retomaron a España en la misma nave "Comuneros".

 

 

 


REAL COLEGIO SEMINARIO CONCILIAR DE SAN CARLOS

 

         Al recibir Carlos III la corona de España, realizó, para bien de todos sus dominios, las famosas reformas gubernamentales, ayudado por sus prestigiosos Ministros como Floridablanca, Aranda, Campomanes, y con ello consiguió elevar en forma notable el nivel cultural de sus colonias. Con espíritu innovador y científico se preocupó en generar los viejos colegios de la metrópoli, en cuyas aulas aún se respiraban aires de la Edad Media, y dictó medidas favorables para acrecentar la cultura en sus colonias americanas (1).

         Con la expulsión de los jesuitas de todas sus colonias y de España misma dispuesta en Real Cédula del 28 de febrero de 1767, se benefició la instrucción pública en algunas regiones hispano-americanas; formó, en efecto, la junta de las Temporalidades para la administración de todos los bienes confiscados, y dispuso que éstos se aplicasen exclusivamente al desarrollo de la instrucción pública y a la creación de establecimientos de beneficencia. Con el extrañamiento de los jesuitas de Buenos Aires, producido el 2 de julio de 1767, don Juan José de Vértiz comenzó a utilizar los bienes temporales de la Compañía, especialmente en beneficio de la cultura, considerando los "medios de establecer escuelas y estudios generales para la enseñanza y educación de la juventud". Fundó un colegio Carolino en el que se podían estudiar estas disciplinas: Latinidad, Retórica, Filosofía y Teología. Su primer director fue el doctor Juan Baltasar Maciel. El 7 de agosto de 1775 fundó también una casa de huérfanos y un pequeño hospital para mujeres; posteriormente, una casa cuna u hospital de expósitos (2).

         Después de la salida de los jesuitas de las colonias, la corte enviaba constantes Ordenes Reales, con diverso fin, ya para disponer de sus bienes, en favor y utilidad, ya para dictaminar "exclusión completa de todas las cátedras de la Escuela Jesuítica, y no se use de los autores de ellos para la enseñanza" (3). Y en otra manifiesta su preocupación "para que en los Reinos de las Indias se cumpla esta Real Cédula sobre establecimientos de Jesuitas, para la aplicación de las Casas, Colegios, Residencias, Misiones que fueron de la Compañía de Jesús" (4).

         La Asunción deseaba tener un colegio de enseñanza superior igual al de Buenos Aires. El Obispo de la Asunción, Dr. Juan José Priego, interpretando la firme voluntad de sus colonos, peticionó al Rey y al Consejo de Indias la fundación de un Colegio Seminario, encareciendo la suma necesidad y utilidad de que en la Asunción, capital de la Provincia del Paraguay, se fundase "un Colegio Seminario para instruir a la Juventud".

         El Rey acusó recibo de lo expuesto por el Cabildo de la Asunción y por el Señor Obispo, y el 23 de agosto de 1776 autorizó la erección de un Seminario. Lo dotó con 2.000 pesos iníciales y por una sola vez, y le asignó una pensión anual de 1.200 pesos: cantidades que ordenó fueran sacadas de las rentas de los oficios eclesiásticos en Charcas y en La Paz. La disposición del Monarca tropezó, en la práctica, con bastantes dificultades, y tanto la percepción de los 2.000 pesos iníciales, como la de los 1.200, fue muy lenta y laboriosa.

         El 6 de junio de 1775, reunida la Junta con presencia del Gobernador, se resolvió pagar en tierras de estancias y de labor, ganados y esclavos, los gastos necesarios para la fundación, manutención y conservación del Seminario Conciliar que, por disposición de S. M., debía erigirse para enseñanza de la juventud y del clero (5).

         Ante tantas dificultades pecuniarias, el 12 de mayo de 1778 solicitaron los paraguayos, para el mantenimiento del Colegio, los muebles e inmuebles que habían pertenecido a la extinguida Compañía. Visto el Consejo de Indias, mandó el Rey que los 16.961 pesos (equivalentes a 52.605 pesos provinciales) de los bienes muebles, alhajas y otras pertenencias que estuvieron en poder de los ex-jesuitas y de los que se habían hecho almoneda, así como estancias, servidumbre y ganado de las mismas, fueran aplicados al sostenimiento del Real Colegio Seminario de San Carlos. Esta Orden Real, de fecha 28 de febrero de 1780, reza así: "he aprobado el reintegro que por la Junta Municipal se hizo en tierras al Seminario, del valor de los diez y seis mil novecientos sesenta y un pesos de plata como fondos, y las aplicaciones de haciendas, ganados y demás que fueron de los extinguidos Jesuitas, cuidando con acuerdo de mi Vice-Patrono, de que con la posible brevedad se formalizase el establecimiento del Seminario, dedicando ambos vuestro celo, y remitiendo al mencionado mi Consejo un plan individual de la cantidad a que asciende en cada año el haber del Colegio Seminario así en dinero como en los ganados y haciendas que se le aplicaron de las temporalidades de los referidos ex jesuitas, comprendiendo en el mismo Plan así la cantidad que importaren los Salarios fijos anuales de los Maestros, el número y clases de éstos como el importe de los Salarios del Rector, del Médico, y del Barbero, del Vestuario, y manutención de los Colegiales de gracia y de los sirvientes, expresando finalmente el número de unos y otros" (6).

         El Cabildo secular, en sesión del 24 de octubre de 1780, levantó un acta acerca de todos los bienes que habían pertenecido a los ex-Jesuitas, para establecer un Seminario Real, ordenando a la Junta se pusiera a Alonso Báez en posesión de los edificios y los fondos de obras pías, y en poder de Javier de Azevedo, los predios rústicos y el ganado mayor y menor y los esclavos, señalándose tasadores para justipreciar el valor de todos los productos (7). El inventario realizado fue descriptivo y estimativo: el edificio fue descrito con todos sus pormenores, muebles, joyas, armamentos, cuadros, como se puede apreciar por el tenor dé detalles como éstos: "una sortija con tres esmeraldas chicas", valorada en 40 pesos; "otra con diamantes de varias chispas", de 110 pesos de valor; "otra de chispas de diamantes", de 50 pesos" (8).

         Se cree que debe de haberse extraviado el inventario con el índice de biblioteca, que seguramente estuvo unido al documento en que leemos:

         "Se entrego la librería de este colegio que componen las obras y tomos que se expresan en la copia del índice que va agregado a esta actuación (9), pues, desgraciadamente, no ha llegado hasta nosotros.

         Entre el 13 y el 30 de enero de 1781, don Francisco Javier de Azevedo recibió del vocal de la Junta Municipal, don Fermín de Arredondo y Lobatón, los predios rústicos. El 13 de enero fue inventariada y tasada "la Ohacarilla del Campo Grande a legua y media de la ciudad de la Asunción". El 15 y el 19 pasaron a hacer la entrega de la estancia de Paraguarí. El 22 se justipreciaron las estancias de Tacuruty Ibytypé, y Yeguariza; el 26, las de Caañabé; Pendopoitá y Yariguaá-Mini; el 27, las de Román Potrero, Guazú-cuá y Yariguaá-guazú; el 28, las de Román Potrero viejo, Novillo, Vacay y de la Cruz. Además, 35 leguas de tierra en las cordilleras, tierras de labor en Tacumbú, la chacra de San Lorenzo con sus cerros, Barcequillo, Potrero y Capüpery (10).

         Fueron designados tasadores López Zarzo y Antonio Martínez Biana.

         En la estancia de Tacutí había 33 esclavos de diversos valores, que en conjunto fueron tasados en 14.150 pesos. Consignamos las valoraciones de la familia:


Negro Cosme, captaz ...................................................... 700 pesos

esposa María Salomé (enfermiza)………………………..  500     "

hijo Juan Ventura ............................................................ 500      "

hija María Melchora ........................................................ 400      "

hija María de la Cruz ....................................................... 300      "

hijo Domingo

hijo Melchor ..................................................................... 450      "

hijo Manuel ....................................................................... 500     "

hija Lorenza Ignacia .......................................................... 150    " (11)


         El 23 llegaron a tasar el ganado de la estancia de Tacuruty, lo que se hizo en la siguiente forma:


1856 carneros a 5 pesos provinciales cada uno ............... 9.280 pesos

114 vacas lecheras (1 inservible) a 8 pesos

provinciales cada cabeza .................................................     904    "

31 bueyes (uno inservible), a 8 pesos

provinciales cada cabeza ..................................................    240    "

196 caballos (seis inservibles), a 8 pesos

provinciales cada cabeza ...................................................  1.520  "

82 mulas a 14 pesos provinciales

cada cabeza .........................................................................   1.148  "

448 yeguas a 2 pesos provinciales

cada cabeza ........................................................................     896  "

1 burro a 50 pesos provinciales cada cabeza ......................   50  "

1 pollino a 10 pesos provinciales cada cabeza ...................   10  "


         Con esta base económica era posible fundar y sostener el Real Colegio Seminario de San Carlos, institución que dependía a la vez del poder civil y del eclesiástico de la provincia. El 28 de diciembre de 1780 fue nombrado Rector del Colegio el Dr. Don Alonso Báez, y administrador de sus bienes Francisco Javier Acevedo; pero el Colegio no comenzó a funcionar hasta 1783, a pesar de toda la buena voluntad reinante.

         Además de contar con todos los bienes que habían sido de los ex jesuitas, el Cabildo de la Asunción donó una parcela de tierra para asiento del edificio que serviría de local a la institución.

         Los postulantes tenían que haber cursado, como mínimo, los tres años de filosofía y los 4 años de teología, con aprobación de algún centro público, sin ser necesario poseer grados eclesiásticos. Fueron creadas las cátedras de Teología, Escolástica, Teología Dogmática, y fue fijado como día de iniciación de clases el 10 de noviembre, pero a raíz de la convocación para concurso de cátedras de acuerdo con los méritos, para el nombramiento de profesores de Prima Teológica, "hizo entregar las enseñanzas a los dos párrocos de la misma ciudad". De este modo, el Dr. Dionisio de Otazú, "Rector de la Catedral", tomó una cátedra de Teología, y el Dr. Juan Antonio Zabala, cura titular de San Blas, la Cátedra de Artes. Otro catedrático de Teología fue el Dr. Alonso Báez. Todos eran egresados de la Universidad de Córdoba (13).

         La inauguración del anhelado establecimiento educativo sólo se produjo el 13 de abril de 1783, con la presencia de Pedro Melo de Portugal, Gobernador de la Asunción, y con asistencia del Cabildo eclesiástico, autoridades provinciales y gran participación de vecinos del lugar.

         Se procedió al acto de apertura de clases el sábado, a las 4; en la Iglesia de la Catedral, con el entusiasmo y fervor de todos los vecinos y con gran solemnidad (14).

         El Gobernador de la Provincia, en calidad de Vice-Patrono Real, informó a los colegiales de las becas otorgadas por el Rey. Pronunciaron, además, discursos alusivos a la fiesta, el Rector del Colegio doctor Gabino Echeverria y Gallo, deán de la Catedral, "natural de la ciudad de Burgos, virtuoso, honesto y recogido de buena vida y costumbres y aplicado a los estudios de Teología" (15) y el vice-Director Juan Antonio Agüero, quienes se refirieron con entusiasmo a la significación del acto y a las ventajas que aportaba el nuevo establecimiento educativo.

         Posteriormente los alumnos pasaron a la Iglesia, donde el gobernador hizo entrega formal de las becas otorgadas por el Rey a los primeros seminaristas. Entre ellos podemos mencionar a José Joaquín Ayala, Rafael Tullo, Manuel Corvalán, José Joaquín Valdovinos, Sebastián Antonio Martínez Sáenz, Juan Antonio Riveros, Sebastián Taboada, (más tarde ingresaron José Félix Canisa, Sebastián Patiño y Antonio Montiel) (16). Después de la asignación de las becas, juraron los seminaristas aprovechar al máximo el beneficio con que se les había favorecido, ante el Dr. Domingo de la Peña, representante del Cabildo eclesiástico, y así dióse por terminado el acto cultural de suma trascendencia en la colonia, y la inauguración oficial del Colegio Seminario Conciliar de San Carlos.

         El 2 de mayo del mismo año se realizaron los primeros exámenes de los estudiantes de Artes. A los mismos se presentaron los siete alumnos ya citados, y aprobaron Tullo, Ayala, Corvalán, Martínez, Canisa, Riveros, Patiño y Montiel. Las pruebas consistieron en ejercicios sobre obras latinas y temas sobre lengua. Posteriormente dieron examen de Gramática, y se dispuso la apertura de las clases de Teología, para el 13 de mayo. El acto se realizó en el patio del colegio, donde el doctor Dionisio Otazú, arengó a los padres de familia destacando la gran importancia de haberse constituido el colegio, e invitándolos a inscribir a sus hijos para aprovechar y aumentar la instrucción de los mismos.

         Seguidamente, al terminar su discurso de presentación, procedió a dictar la primera clase el doctor Juan Antonio Zabala.

         El 13 de julio de 1873 "El gobierno secular y eclesiástico de la Provincia del Paraguay informa al Rey de hallarse establecido el Real Colegio Seminario de San Carlos y agrega que "Habiendo fenecido el testimonio de los fijados para la oposición de cátedras, sin haberse presentado oposición alguna, se hizo preciso encargar la enseñanza a dos párrocos de la misma ciudad, que eran el Dr. Dionisio de Otazú, Cura Rector de la Catedral, y el Dr. don Juan Antonio Zabala, que lo era de la Parroquial de San Blas, teniendo consideración así a la presente necesidad, como igualmente a la proporción que ministra el país para poder seguir las lecciones de sus cátedras, sin perjudicar la residencia de sus beneficios mediante proponer suficientes tenientes para la administración de Sacramentos estar determinado el tiempo de los estudios a ciertas horas del día en que es fácil el recurso de los Curas en cualquier accidente.

         De estos dos se hallan en actual ejercicio sólo don Juan Antonio Zabala, catedrático de Artes; porque los maestros teólogos, don Dionisio de Otazú y don Alonso Báez, no pueden abrir sus cursos por falta de oyentes, ni lo podrán verificar basta de aquí a tres años con los ocho colegiales y algunos manteístas que actualmente estudian Artes. En lo que se ve que son tres Cátedras las erigidas: dos de Teología, y una de Filosofía, sin incluir la de Cánones que también se ha establecido para cuando las rentas alcancen para su dotación" (17).

         El 1º de abril de 1786, Pedro Melo de Portugal, Coronel de Dragones, Gobernador-Intendente del Paraguay, informa a los prelados de los Conventos sobre los estudiantes del Real Colegio: "Nuestro Soberano, que vela siempre por la felicidad de sus más remotos vasallos, mandó fundar el Real Colegio de San Carlos para que se instruyeran en Latinidad, Filosofía, Teología y Liturgia a objeto de que se verifiquen los piadosos fines que se ha propuesto Su Majestad; pero como en los tres conventos de Regulares se enseñan iguales ciencias, aunque no con la perfección que corresponde, por la desidia o el libertinaje de sus estudiantes, que si se les echa en el colegio o en algunos de los Conventos, se pasarán a otro, o bien sus Padres por una Punible Condescendencia de los hijos, los retiran de los Estudios, siendo de la Obligación del Gobierno remediar estos Abusos; se pasará en recado Político a los Prelados de los Conventos prevengan a sus respectivos Lectores, no admitan estudiante alguno que haya principiado en el Colegio, o en cualquiera otro Convento, y que los que tengan en sus clases procuren aplicarlos, y al que reconociesen inaplicado den Cuenta al Ilustrísimo Señor Obispo y a este Gobierno para proveer de remedio, y Prevengo a todos los Padres, y Estudiantes que ninguno tendrá libertad de sacar a sus hijos, ni éstos retirarse, sin manifestar las Justas Causas que les Asisten, que si el Gobierno las encontrase tales, se les dará el correspondiente permiso con noticia dé los maestro, y de lo contrario se les obligará a que sigan las carreras literarias, y que cada ciencia se estudie con la perfección que apetece; han de pasar exámenes públicos con el ilustrísimo Señor Obispo, en / y otros examinadores aptos para el efecto" (18).

         Al ser destituido el Rector Gavino de Echeverría, le sucedió el Dr. José Baltasar de Casajús, el 15 de julio de 1785. El Rector destituido envió al Rey una carta en la que le comunicaba las graves irregularidades habidas en el manejo de los fondos enviados por la corona, y fundaba la denuncia en el destino acordado para la creación y subsistencia del mismo por Real Cédula de 1776 (19). Entre las acusaciones giraban los nombres de Echeverría y Gallo, Baltasar de Casajús, Pedro Vicente Cañete, Alós y Melo de Portugal, y el más perjudicado fue el canónigo de la Catedral de Buenos Aires Dn. José Román y Cabezales.

         El Monarca pidió, por Real Cédula del 19 de diciembre de 1786, al Gobernador Intendente del Paraguay, informe acerca de lo sucedido. El documento dice así: "En el cumplimiento de mi Real Cédula de 28 de febrero de 1780 se había ejecutado el establecimiento del Real Colegio Seminario de San Carlos, mandé erigir con el Colegio que fue de los Ex Jesuitas... En carta de trece de julio de mil setecientos ochenta y cinco, ha expuesto don Gavino de Echeverría, Dignidad de Tesorero de esta Iglesia Catedral, y Rector del mismo Colegio de San Carlos, que deseoso de que quedase con la debida permanencia que corresponde se ofreció a ser su Rector, sin más estipendio que el de asistírsele como a un Colegial, y franquearle la manutención de un Page: Que habiendo instado varias veces sobre que se hiciesen efectivos los dos mil pesos consignados para los primeros gastos de su establecimiento, no lo ha conseguido, sin embargo de estar cobrados por el Doctor don Josef Ramón de Cavezales, Canónigo de la Iglesia Catedral de Buenos Aires: Tampoco ha podido lograr se ponga a corriente la gracia de los mil y doscientos pesos destinados anualmente, para subsistencia del Colegio, por lo que están expuestos los Colegiales a quedarse sin Maestros, cuyo inconveniente se evitaría si se mandasen satisfacer por las Arcas Reales de esa ciudad, Que también ha pedido (y no se le han entregado) las Escrituras de pertenencia de las Haciendas aplicadas al Colegio por la Real Junta de Temporalidades, por cuyo motivo no ha podido poner en execución el proyecto de deslindar dichas Haciendas, y ponerlas sobre un pie más ventajoso, y útil al Colegio, pues están en el día arrendadas en precios muy ínfimos; y últimamente que ha cerca de año tomó posesión de la Dignidad de Tesorero de esa Catedral, y no ha podido conseguir se le entreguen por Inventario las alhajas de la Iglesia, y demás que por erección la pertenecen; I aviéndose visto en mi consejo de Cámara de Indias con lo que informo la Contaduría General, y dijo mi Fiscal, he resuelto preveniros y a ese Reverendo Obispo (como se hace por Despacho de esta fecha) que en caso de ser ciertos los hechos que refiere el referido don Gavino promováis cada uno, en uso de nuestras facultades las providencias que juzguéis conducentes para allanar las dificultades que supone impiden se perfeccione, y concluya el mencionado establecimiento, dándome cuenta con justificación de sus resultas" (20).

         Por separado, dirigieron al Rey cartas explicativas de lo sucedido el Obispo del Paraguay y el Gobernador-Intendente. Este último envió el 13 de setiembre de 1788 un informe general sobre el Real Colegio. El Informe expresa lo que sigue "Habiendo ya el referido mi antecesor expuesto a V M. con fecha 19 de julio del año pasado, sobre los puntos presentados por don Gavino de Echeverria, acompañando documentos que acreditan ser en parte inverídicos, a falto de instrucciones de aquel informe, debo exponer a la Real atención de V M. lo siguiente: que los dos mil pesos consignados por V M. en las Vacantes Mayores y Menores del Arzobispado de Charcas, y Obispado de la Paz para los primeros gastos del Seminario, fueren recaudados efectivamente, pero no por el doctor José Ramón Cavezales, sino por el finado Obispo de esta Diócesis don Juan José de Priego, quien usó de ellos en la Ciudad de la Plata, con cargo a reintegrarlos en la de Buenos Aires, lo que no tuvo efecto por causas de su fallecimiento, aunque se ha solicitado por varios sujetos dicho reintegro del caudal que había dejado el Obispo, nada se ha podido conseguir ya por la adversidad del tiempo. La recaudación de mil doscientos pesos asignados por la Real Piedad, anualmente en las mismas vacantes para la subsistencia del expresado colegio, se encargó últimamente el doctor don Vicente Cañete, Teniente Letrado de la Intendencia y Gobierno de Potosí, natural de esta ciudad, y sólo ha podido recaudar en esta situación anual de las vacantes de Charcas dos mil pesos con doscientos que aboné por su trabajo al Agente sustituto que para el efecto destiné desde Potosí a Chuquisaca, los gastos judiciales con costos de la remisión de dicha cantidad a Buenos Alres" (21).

         El Gobernador sigue exponiendo en su informe acerca de la organización del Colegio: "Hallé, dicho colegio completamente establecido con 22 colegiales existentes, y sus Aulas corrientes, siguiéndose segundo curso de Filosofía Dogmática Moral y escolástica con los estudiantes del Primero, que ambos al presente están en fin del segundo curso. Pero reconoce, desde el primer lugar, que no había en él orden y regularidad y disciplina interior necesaria para la perfecta educación, y adelantamiento de los jóvenes, de que había resultado volver a sacarlos a muchos de sus hijos, y no querer ir ninguno entrar los suyos, y los que quedaron aunque por ser hábiles y aplicados han aprovechado bien siendo toda la causa de este atraso la mala versación que tuvo el citado don Gavino de Echeverria, absoluta ineptitud para el ejercicio según el informe de los principales vecinos de esta ciudad, y lo acredita plenamente el expediente formado en virtud de repetidas representaciones hechas por los mismos alumnos así a mi antecesor...".

         Respecto al edificio donde se dictaban clases, refiere: "Los edificios de dicho Colegio están muy deteriorados, sin poderse reparar y los salarios de los dependientes y maestros atrasados sin poderse enterar por el defecto de las referidas asignaciones no alcanzando para todo ello las rentas que producen, los fondos propios, y las contribuciones de los colegiales pensionistas, lo ideal será la reposición de los dos mil pesos cobrados por el difunto Obispo, que se tenían destinados para la reparación de lo material".

         Con motivo de este informe, nuevamente se suscita el problema del dinero concedido por el Rey al Colegio, y recibido por el obispo José Priego (22).

         El 9 de diciembre de 1786 el Rey envía una Real Cédula al Gobernador del Paraguay, para que haga comparecer al Capitán de Infantería don Francisco Javier Acevedo, ante el Teniente Asesor Letrado doctor Miguel Gregorio Zamalloa, para contestar un frondoso interrogatorio, que constaba de 7 puntos importantes relacionados al dinero recibido; si todos los bienes de los Jesuitas habían sido adjudicados al colegio; si se había llegado a poner precios justos y otros".

         Tratáronse de subsanar todas las penurias y obstáculos que el colegio iba pasando a través de su existencia. El rector del colegio expresó al Rey la necesidad de ceder una casa sita en Paraguarí "porque dicha casa tiene toda la comodidad, y proporción necesaria para dar en ella las vacaciones acostumbradas a los alumnos, que careciendo el colegio de una casa de campo para este fin, la chacarilla que posee el colegio no tiene viviendas necesarias; por su inmediación a la ciudad hay mucho vecindario que la rodea y priva del desahogo necesario, acarreando graves inconveniencias Manifiesta el rector que la casa de Paraguarí no tiene ninguna utilidad a las temporalidades, en tanto que podía beneficiar al alumnado y al estado, y que a pesar de estar muy deteriorada, harían refacción de la misma.

         El Rey, en vista del memorial enviado por el Rector, el 19 de febrero de 1793, dispone por Real Cédula que "los edificios del Paraguarí, que fueron de los Regulares extinguidos, pasaban al Real Colegio de San Car los, y que no se les podía aplicar otro más proporcionado y útil a beneficio de la causa pública"(24).

         El plan de estudios del colegio fue aprobado en 1786, y se establecía el funcionamiento de tres facultades.

         TEOLOGÍA: moral y dogmática, dictadas en clases separadas.

         FILOSOFÍA Y ARTES: que comprendía la lógica, física y metafísica de Aristóteles.

         GRAMÁTICA Y LATÍN: Los estudiantes se clasificaban en colegiales y manteístas, es decir, alumnos internos y externos (25). Los cursos dictados eran trienales, y se daban pruebas de suficiencia acerca de lo estudiado.

         El Rector y el Cabildo eclesiástico constituían las más altas autoridades del colegio, a las cuales todos los alumnos debían estar sometidos. El Virrey era "como árbitro en conceder algunas becas dotadas en nombre del Rey como Vice-Patrono del Seminario Carolino" (26), pero los jóvenes electos debían reunir condiciones, parte de ser buenos alumnos, ser hijos legítimos y de limpia sangre, condición también requerida a los estudiantes para el ingreso en la Universidad de Córdoba (27).

         El primer colegio albergó en sus aulas a muchos jóvenes, que posteriormente tendrían en sus manos el destino de la patria, en la gestación de la Independencia. Así encontrarnos al Capitán Pedro José Molas, que peticionó al Gobernador Más una beca para su hijo Mariano Antonio Molas, y en nombre del Rey le fue otorgada el 5 de setiembre de 1793. Molas no se graduó; abandonó poco tiempo después el colegio. Encontramos también a Vicente Ignacio Iturbe, a quien se le concedió una beca de gracia por más de cuatro años, pero abandonó la carrera. También siguieron cursos José Gabriel Benítez, que estudió con una beca pensionaria; Juan Niceto Valdovinos, Juan Nepomuceno Goytia, también un indio llamado Venancio Toubé, que vino del pueblo de Atyrá, con beca de la citada población, a pagarse de los tributos de la misma; don Pedro José de Aguiar, que era apoderado de los pueblos de indios, logró la beca de gracia.

         Podemos mencionar también a Luis Santiago Valdovinos, Sebastián Martínez Sáenz, Antonio Taboada, José Sebastián Valdovinos, José Joaquín Montiel, José Vicente Cabañas, José y Antonio Vianna, Agustín y Cayetano Castelví, que gozaban de las mismas condiciones (28).

         El colegio trataba de subsistir a pesar de la general pobreza reinante, y ello se debía, en gran parte, a su magnífico Rector, el doctor Casajús, que muchas veces trató de resolver problemas difíciles suscitados dentro del recinto.

         Los primeros estatutos fueron redactados por el gobernador de la Provincia, Joaquín de Alós, y en ellos trataba de la fundación del colegio, y mencionaba todas las festividades del mismo.

         Citaremos algunos puntos de suma importancia de tales estatutos:

         1. El Gobernador de la Provincia del Paraguay no podía asumir el cargo de Rector, ni Vice-Rector del Real Colegio.

         2. Relaciones del Rector con las personas que están a su cargo, gobierno y dirección del colegio y sus temporalidades, y las facultades que han de tener cada una de ellas.

         El nombramiento del Rector y Vice-Rector será a propuesta del Cabildo Eclesiástico.

         3. Trata del número de becas, sus condiciones, uso de escudos y calidad del informe de los alumnos. Las becas serán distintas para evitar distinciones odiosas.

         4. Se estipulaba una cantidad determinada de dinero para el ingreso de los colegiales; de la recepción de los mismos y de las diligencias que debían preceder.

         5. Estaba prohibido el magisterio a los Párrocos en servicio actual, pero no presentándose opositores en las cátedras, tuvieron que encargárseles.

         6. Los alumnos debían ser nacidos en el obispado o ser hijos de vecinos, y además tenían que ser hijos legítimos, y de limpia sangre, puesto que en caso contrario no podían ser dispensados ni por el Obispo, ni por el Gobernador (29).

         El 18 de noviembre de 1794 encontramos una Real Cédula de aprobación de las constituciones del Real Colegio Seminario enviada por el Rey para su fiel cumplimiento" (30).

         En 1795 eran profesores de dicho colegio:

         Rector y director de estudios: Dr. don José Baltasar Casajús, Catedrático propietario de Prima.

         Catedrático de Prima Teológica: Dr. don Juan Antonio Riveros. Catedrático de artes: Presbítero don Manuel Antonio Conlau.

         Catedrático de Vísperas: Fray José Baltasar Villasanti (31).

         La Cátedra de Filosofía, con el fin de reunir a los padres de familia y vecinos del lugar, realizaba actos públicos de suma importancia, en los que trataba de hacer participar a todos los alumnos. De ello derivaron las grandes consideraciones con que se rodeaba a las autoridades del Seminario en la ciudad. Por una Real Cédula del 19 de enero de 1796, se ordenaba la cesión de asientos de máxima preferencia en los actos literarios y culturales a los catedráticos del mismo, y en varias oportunidades se suscitaron discusiones acerca de la falta de reconocimiento de los privilegios, como lo sucedido entre José Baltasar Villasanti, catedrático de Vísperas del Colegio, y los Párrocos de Santo Domingo y San Francisco, quienes tuvieron que realizar apelaciones sucesivas, hasta que el Cabildo Eclesiástico dio el veredicto final (32).

         Con motivo de este problema, el Cabildo Eclesiástico envió una resolución al Rector del colegio, y a la vez dispuso que se comunicase a los alumnos y estudiantes "que se ha advertido que en los actos públicos literarios que se celebran anualmente, el Colegio hace excesivos gastos, así en la preparación del teatro, como en el refresco que costean los sustentantes, siendo perjuicio de sus casas; por tanto, como remedio a este perjudicial abuso, mandó que en adelante en el teatro, por lo que toca al altar, se ponga no más que una imagen y seis velas y cuatro ramas de malva y el refresco que se quiera dar se reduzca a la mañana a chocolates y mates, y de tarde la chicha, y sorbete, asimismo en las recreaciones que hagan los alumnos, debe serlo en compañía del Rector o Vice-Rector a la casa de campo que tiene el colegio (33).

         El 25 de abril de 1796, el Rector del Colegio envía una carta al Gobernador Intendente, acerca del tránsito de gentes y animales por la estancia perteneciente a dicho colegio. Mega que resulta muy perjudicial, puesto que facilita el robo de ganado, y la entrada de animales extraviados, produciendo una verdadera confusión dentro del mismo, solícita el envío de comisionados para constatar estos hechos y procurando la pronta solución del problema (34).

         El Gobernador solicitó al Rey, el 3% correspondiente a los sínodos de los Curas y doctrineros, con el fin de enjugar el déficit crónico reinante, y acrecentar un poco más sus arcas. En 1796, el Rey autorizó el uso del 3% pagado por los pueblos de indios al Seminario, según lo dispuesto ya por el Concilio de Trento, a beneficio de dicho colegio; y así lo hicieron los pueblos de Yaguarón, Itá, Atyrá, Altos, San Estanislao, San Joaquín, Yuty, Caazapá, Ypané, Tobatí, Belén, Itapé (35).

         El 17 de marzo de 1797, Juan Antonio de Lesica, por cuenta y uso del Real Colegio, envió a los reinos de Castilla la suma de 220 pesos fuertes de plata, entregados al maestre de Corbeta del Rey, cuya nave estaba anclada en Buenos Aires (36).

         Iban pasando los años, y el colegio seguía subsistiendo a pesar de los constantes problemas. Cada año aumentaba el número de alumnos. Así lo comprobamos en una lista de alumnos de 1808 que dieron exámenes ese año, en filosofía, lógica y ética.

         Ellos fueron;

         Agustín Castelví, Julián Castelví, Nicolás Isasi, (colegiales), Gregorio Patiño, Eduardo Torres, José Antonio Yegros (manteístas), Gregorio Cazal, Pedro Caladrero, Ciriaco Sisa, Venancio Toubé, Carlos López, Pedro Pablo Zabala. Los cuatro últimos sustentaron los actos públicos.

         Al año siguiente fueron examinados y aprobados: Francisco Chuchi, Prudencio Montiel, Mariano Rivarola, Ciriaco de Roa, Venancio Toubé, Agustín Castelví, Nicolás Isasi, Carlos López, José Gregorio Patiño, Eduardo Torres, José Antonio Yegros, Pedro Pablo Zabala (37).

         Con don Francisco Chuchi y Juan Ventura Cuyuri, dos colegiales naturales del pueblo de Yaguarón, surgió un serio problema, por no haber pagado 3 años la pensión y manutención alimentaria, que era de 70 pesos por año, por lo que debían una importante suma. Se trató de resolver el caso por el Teniente Corregidor del pueblo, quien alegó "que solo se debía lo correspondiente a dos años de pensión, puesto que por enfermedad se había retirado Cuyurí, que no cursó más sus estudios en dicho Colegio y no debían nada, puesto que el pueblo enviaba carne, lienzo, hilo, toros y novillos a cuenta de dichos alumnos. Se evidencia sí -decía- la equivocación que ha tenido el administrador del Colegio hacia el pueblo de Yaguarón, (38).

         Asunción vivió momentos de seria preocupación al enterarse que la ciudad de Buenos Aires enviaba a Manuel Belgrano, con el Dr. Vicente Anastasio de Echeverría, para conseguir que la Provincia del Paraguay, quedase "sujeta al gobierno de Buenos Aires, como lo están las otras provincias". El local del Colegio de San Carlos quedó convertido bien pronto en Cuartel General, con el fin de albergar a todas las tropas reunidas en la capital, y sus rentas fueron aplicadas a la defensa nacional. Dicho local se hallaba en el mismo sitio en que hoy funcionaba el Colegio Militar, actualmente es el edificio del Congreso Nacional. En octubre de ese mismo año, a raíz de tal circunstancia, el Colegio tuvo que ser trasladado a una casa arrendada, propiedad de don Agustín Trigo, quien dotó al colegio de mesa, candelas, barberos. Quedó reducido a una ínfima cantidad el dinero aportado para el sostenimiento de dicha institución, y era asimismo mínima la cantidad de alumnos.

         En 1810 volvieron a tomarse exámenes de Filosofía: fueron examinados, con resultado satisfactorio, Matías Rivarola, Venancio Torres, Carlos López, los que fueron aprobados con todos los votos.

         A los demás alumnos de filosofía, "Prudencio Montiel, Agustín Castelví, Nicolás Isasi, José Gregorio Patiño, Eduardo Torres, José Antonio Yegros, Pedro Pablo Zabala, se les dio certificación de aprobación del curso completo por haber sido examinados y tomado las armas, formando una compañía dirigida por el catedrático doctor Francisco Gracia" (39).

         En 1812, "La Junta Superior Gubernativa de la Asunción, para mejorar los estudios públicos acordó la apertura de la cátedra de Latinidad, por cuenta del Real Colegio Seminario, sin que los padres, alumnos ni oyentes tuviesen que costear al maestro, iniciando las clases el día de ceniza, amonestando a los padres de familia el envío de sus hijos a dicha cátedra, para ser útiles y dignos hijos de la Patria"(40).

         En abril de 1814 se inició un curso de Filosofía con 18 alumnos, que se examinaron y salieron todos aprobados, habiéndose proveído la cátedra de Artes por oposición formal. En el concurso la obtuvo el Dr. Carlos Antonio López, después de ser tonsurado y aprobado en Latinidad. La cátedra y Lógica y Crítica contaba con 17 alumnos. Entre ellos podemos mencionar a Paulino Antonio Molinas, Francisco Javier Guaigna (colegiales), José García Díaz, Gregorio González, Venancio Gavilán, Feliciano Aguiar, Juan de la Cruz Yaguareté (manteístas)" (41).

         Integraron el cuerpo de profesores las diversas épocas de la vida del Instituto, José Baltasar Casajus, Dionicio Otazú, Francisco Javier Bogarín, Sebastián Patiño, Juan Antonio Zabala y Delgadillo, José Gaspar Rodríguez de Francia, Marcelino Ocampos, Francisco Gracia, Juan Manuel Lovera, Carlos Antonio López, Juan Paulino Cabral.

         Son de notar ciertos hechos ocurridos en la cátedra de Filosofía: En 1796 fue electo Profesor de Filosofía Sebastián Patiño, pero el Gobernador del Paraguay se opuso a esa elección. El Virrey de Buenos Aires apoyó al gobernador. Se arguyó que se le había otorgado intencionalmente la cátedra en un corto espacio de tiempo, para que no se pudieran presentar otros candidatos, a fin de que el Profesor Patiño pudiese triunfar. Se dispuso llamar a nuevas oposiciones a dicha cátedra, y se resolvió admitir la participación del clero secular, y que la designación podría ser a perpetuidad. Ocupó la cátedra en esas condiciones, el doctor Francisco Javier Bogarín (42).

         En 1802 no había catedrático de Filosofía, y se llamó a concurso. Se dieron 2 meses para la presentación y oposición, advirtiéndose que era indispensable tener algún grado, experiencia en la materia y buena práctica. El 19 de marzo de 1802 se presentó el doctor Juan Paulino Cabral profesor y maestro de Artes de dicho Colegio. Fue aceptado, por ser el único postulante presentado con diploma que le había sido otorgado por la Universidad de Córdoba.

         Iban pasando los años, y el Colegio se desenvolvía dentro de un Paraguay libre e independiente, pero era un peligro latente para el Dictador, puesto que tarde o temprano despertaría el ánimo de los alumnos, quienes se opondrían y criticarían su poder centralizador. Grande era el peligro, y exigía pronta solución estatal, que no podría ser otra que el cierre del mismo, dispuesto en 1822 para dar lugar a un cuartel que sería confianza y honra suya.

         Esta fue la vida de una institución que dio hombres que sobresalieron por su saber, y que honraron aquellas húmedas y enladrilladas aulas.

 

BIBLIOGRAFÍA:

 

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Moya, Ismael. Historia de la Pedagogía Argentina Ed. Peuser, Bs. As., 1937.         

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Cardozo, Efraím. Historia cultural del Paraguay. Asunción, pág. 185.

Centurión, Carlos R. El Colegio Seminario Conciliar de San Carlos de la Asunción. La Tribuna.

Riquelme García, Benigno. El Colegio Seminario Conciliar de la Asunción. Revista Nacional de Cultura, 1957.

2.      Funes, Gregorio. Historia de las Provincias Unidas del Río de la Plata, pág. 149.

3.      A. N. A. Vol. 60, f.199/200, S. H. Real Cédula.

4.      A.N.A. Vol. 62, f. 7, S.H.

5.      Colom, José Sevillano. Ibíd.

Domínguez, Manuel. Ibíd.

González, Natalicio. Proceso y Formación de la Cultura en el Paraguay. Ed. Guarania. Asunción, 1940, pág. 329.

6.      Transcripción del documento de Manuel Domínguez.

7.      Colom, José S. Ibíd.

González, Natalicio. Ibíd., pág. 329. Centurión, Carlos R. Ibíd.

8.      Colom, José S. Ibíd.

Domínguez, Manuel. Ibíd., pág. 6.

9.      Colom, José S. Ibíd.

Domínguez, Manuel. Ibíd.

10.    González, Natalicio. Ibíd., pág. 320. Colom, José S. Ibíd.

Riquelme García, Benigno. Ibíd. 11. Colom, José S. Ibíd.

12.    Colom, José S. Ibíd.

Domínguez, Manuel. Ibíd., pág. 7

González, Natalicio. Ibíd.m pág. 334.

13.    Riquelme García, Benigno. Ibid., 1962.

Velázquez, Rafael Eladio. El Paraguay en A.N.A. Vol. 148, N° 1.

14.    Riquelme García, Benigno. Ibíd.

Centurión, Carlos E. Ibíd. La Tribuna, 1966. Cardozo Efraím, pág. 186.

Velázquez, Rafael Eladio. Breve Historia de la Cultura del Paraguay. Asunción, 1966, pág. 126.

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Sánchez Quell, Hipólito. Estructura y función del Paraguay Colonial. Ed. Kraft, Bs. As., 1964, pág. 120.

15.    A. N. A. Vol. 151, N 5, f. 2.

16.    Riquelme García, Benigno. Ibíd. A. N. A. Vol. 70, A.S.R. L

16.    Cardozo Efraím. Ibíd., pág. 186.

17.    A.N.A. Vol. 148, N° 1, S. H.

18.    A.N.A. Vol. 149, N° 7. S. H.

19.    Riquelme García, Benigno. Ibíd.

20.    A.N.A. Vol. 149, N 8, S. H. Real Cédula

21.    A.N.A. Vol. 143, N° 3, S. H. Informe

22.    A.N.A. Vol. 151, N° 6, f. 1, S. H.

23.    A.N.A. Vol. 159, N° 1, S. H.

24.    Riquelme García, Benigno. Ibíd.

Domínguez Manuel. Las escuelas primarias en el Paraguay. Asunción, 1897, pág. 6.

25.    Domínguez, Manuel. Ibíd, pág. 7.

26.    Garro, Juan M. Bosquejo histórico de la Universidad de Córdoba. Córdoba,   1882, pág. 159.

27.    Riquelme García, Benigno, Ibíd.

28.    Riquelme García, Benigno. Ibíd.

29.    A.N.A. Vol. 159, N 1, S. H.

30.    A.N.A. Vol. 70, f. 15, S. H.

31.    A.N.A. Vol. 161, N° 6, f. 23, S. H.

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VIOLA, ALFREDO. Tevegó. Un pueblo de efímera vida.

La Tribuna, 30-VII-67

ZUBIZARRETA, CARLOS. Un cronista poco conocido.

La Tribuna, 13-VI-65




LA INSTRUCCIÓN PÚBLICA EN LA ÉPOCA DE LA COLONIA

3ª. EDICION  AMPLIADA Y CORREGIDA



INDICE


PRÓLOGOA LA 2ª. EDICION


PRIMERA DARTE - ENSEÑANZA DE PRIMERAS LETRA

-        LEGISLACIÓN ESCOLAR EN EL RÉGIMEN COLONIAL

-        INFLUENCIA DE CARLOS V Y SU ACCIÓN EN LA COLONA

-        LAS ORDENANZAS DE JUAN RAMÍREZ DE VELAZCO

-        HERNANDARIAS Y LAS LEYES PROTECTORAS DEL INDIO

-        ORDENANZAS PROTECTORAS DE FRANCISCO DE ALFARO

-        ACCIÓN DEL CABILDO

-        ORDENANZA QUE CREA EL CABILDO Y REGIMIENTO PARA CUIDAR DEL GOBIERNO DE LA CIUDAD DE LA ASUNCIÓN

-        HISTORIA DE LA CATEDRAL DE ASUNCIÓN

-        FRANCISCO GONZÁLEZ PANIAGUA DEAN DE LA CATEDRAL

-        EVANGELIZADORES EN LA COLONIA

-        EL PRIMER REGIDOR PERPETUO DEL CABILDO DE LA ASUNCIÓN

-        PRIMERAS ESCUELAS EN LA COLONIA

-        DIEGO DE TORRES BOLLO. PRIMER SUPERIOR DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS

-        FRANCISCA JESUSA DE BOCANEGRA

-        LOS MAESTROS

-        MATERIAS DESARROLLADAS

-        MATERIALES DIDÁCTICOS

-        JOSÉ ANTONIO DE SAN ALBERTO

-        LEGISLACIÓN COLONIAL SOBRE EL COMERCIO DE LIBROS

-        LA ENSEÑANZA EN LAS REDUCCIONES

-        EL ARTE DRAMÁTICO

-        SALUD E HIGIENE EN LAS REDUCCIONES JESUÍTICAS

-        LA IMPRENTA EN LAS REDUCCIONES

-        OBRAS IMPRESAS


SEGUNDA PARTE: LA ENSEÑANZA SUPERIOR

-        PRIMERAS MANIFESTACIONES DE ENSEÑANZA EN LA COLONIA.

         EL PRIMER SEMINARIO

-        EL SÍNODO DE 1603

-        EL COLEGIO JESUITA DE LA ASUNCIÓN

-        AUTORIDADES DE LA PROVINCIA JESUÍTICA DEL PARAGUAY (1607 A 1768)

-        LA INTELECTUALIDAD JESUÍTICA

-        EL COLEGIO SEMINARIO Y EL OBISPO CÁRDENAS

-        EL COLEGIO DE MISIONEROS FRANCISCANOS

-        ACCIÓN EDUCATIVA DE OTRAS ÓRDENES RELIGIOSAS

-        LOS MERCEDARIOS

-        LOS DOMINICOS

-        LOS JERÓNIMOS


TERCERA PARTE: ENSEÑANZA UNIVERSITARIA

-        LAS PRIMERAS MANIFESTACIONES FILOSÓFICAS EN EL RÍO DE LA PLATA

-        PROYECTO DE CREACIÓN DE UNIVERSIDAD EN EL PARAGUAY

-        LA UNIVERSIDAD DE CÓRDOBA Y SU INFLUENCIA EN LA COLONIA

         - AFLUENCIA DE PARAGUAYOS A OTRAS UNIVERSIDADES

-        DR. JOSÉ BERNARDINO SERVÍN. S. XVII

-        DR. JOSÉ SERVÍN (SEGUNDO DOCTOR PARAGUAYO)


CUARTA PARTE: REAL COLEGIO CONCILIAR DE SAN CARLOS

-        REAL COLEGIO SEMINARIO CONCILIAR DE SAN CARLOS


QUINTA PARTE: PLAN DE ENSEÑANZA DE LAZARO DE RIBERA

-        PLAN DE ENSEÑANZA DE LÁZARO DE RIBERA

-        BREVE CARTILLA REAL

-        CONCLUSIÓN


BIBLIOGRAFÍA

APÉNDICE DOCUMENTAL

DOCUMENTOS

 




Bibliotecas Virtuales donde fue incluido el Documento:
CEADUC
CEADUC – CENTRO DE ESTUDIOS ANTROPOLÓGICOS DE LA UNIVERSIDAD CATÓLICA

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