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MAURICIO SCHVARTZMAN


  CONTRIBUCIONES AL ESTUDIO DE LA SOCIEDAD PARAGUAYA - Por MAURICIO SCHVARTZMAN - Año 2011


CONTRIBUCIONES AL ESTUDIO DE LA SOCIEDAD PARAGUAYA - Por MAURICIO SCHVARTZMAN - Año 2011

CONTRIBUCIONES AL ESTUDIO DE LA SOCIEDAD PARAGUAYA.

MAURICIO SCHVARTZMAN

 

Centro interdisciplinario de derecho social y economía política (Cidsep)

Secretaría Nacional de Cultura

Don Fernando Lugo Méndez

Presidente de la República del Paraguay

Ticio Escobar

Ministro de la Secretaría Nacional de Cultura

Estela Franceschelli

Coordinadora del Programa Fondos de

Cultura para Proyectos Ciudadanos

Segunda edición revisada Secretaría Nacional de Cultura

Asunción, noviembre de 2011

Coordinación de la Edición: Darío Sarah

Corrección: Guillermo Maldonado

Diagramación: Horacio Oteiza

Isbn 978-99967-628-7-1

Hecho el depósito que marca la Ley Nº 1328/98

Reservados todos los derechos

Impreso en el Paraguay

 

Tabla de contenidos

Prólogo a esta edición

Presentación

Introducción

Notas recurrentes a una teoría de la formación social paraguaya

1. El principio de complejidad en el concepto formación social

2. La formación social o la correspondencia recursiva de dos sistemas

3. Los dominios de la “superestructura”: la sociedad civil y la sociedad política.

Capítulo 1

Raices históricas de la formación social paraguaya

1. El período colonial o del desvío de la acumulación originaria

2. Independencia nacional y hegemonía del Estado

3. La gran ruptura: el desdoblamiento de los principios de organización de la formación social

4. Conclusión

Capítulo 2

El principio constitutivo de la organización social: la producción.

1. Población y potencial de la fuerza de trabajo

a. Evolución de la Fecundidad

b. Evolución de la mortalidad

c. Los cambios de la estructura poblacional según sexo y edad

d. El potencial de la fuerza de trabajo

e. Aspectos resaltantes del análisis de la población activa

2. Los medios de producción y formas de organización productiva

a. La tierra y la organización productiva agropecuaria

b. El aparato y formas de organización industrial

Capítulo 3

El principio de reproducción de la organiazación social: la acumulación del capital

1. El concepto de acumulación del capital

2. La reproducción del capital social

3. Casos expresivos de la formación del capital social: Itaipú, la ecuación del diablo y las explotaciones campesinas algodoneras

a. Itaipú: el ruido de las rocas y el problema energético paraguayo

b. La ecuación del diablo: el costo de las inversiones públicas

c. El caso de las explotaciones campesinas algodoneras

4. La reproducción restringida de la fuerza de trabajo

a. Desocupación y subocupación

b. Distribución del ingreso nacional

c. Costo de vida y salarios

d. El caso de transferencias de valor de la fuerza de trabajo en las explotaciones algodoneras

5. Las ventajas comparativas de las relaciones económicas externas

Capítulo 4

Las relaciones sociales terminales.

Las formas de dominio y de la libertad.

1. Las Necesidades Básicas Insatisfechas (nbi) o la participación en el consumo social.

a. La educación

b. La salud

c. La vivienda

d. La utilización del tiempo libre

2. La larga duración del poder autoritario

3. El movimiento campesino

4. El movimiento obrero

5. El movimiento estudiantil

Conclusiones

Apéndice

Bibliografía revisada

Bibliografía general

Bibliografía paraguaya

Ecología

Economía

Economía - Comercio Exterior

Economía - Desarrollo

Economía - Empresas

Economía - Energía

Economía - Forestal

Economía - Moneda

Economía - Producción Agropecuaria

Economía - Salario - Costo de vida

Estadística

Filosofía - Ideología - Teoría

Historia

Política

Política - Desarrollo

Relaciones Exteriores

Sociedad - Comunicación

Sociedad - Comunidades

Sociedad - Cooperativas

Sociedad - Cultura

Sociedad - Damnificados

Sociedad - Derechos Humanos

Sociedad - Desarrollo

Sociedad - Educación

Sociedad - Etnografía

Sociedad General

Sociedad - Gremios

Sociedad - Lingüística

Sociedad - Menores

Sociedad - Movimientos Sociales

Sociedad - Mujer

Sociedad - Población

Sociedad y Política

Sociedad - Psicología

Sociedad - Religión

Sociedad - Rural

Sociedad - Salud

Sociedad - Salud - Nutrición

Sociedad - Tierra

Sociedad -Trabajo

Biografía de Mauricio Schvartzman

 

 

PRÓLOGO A ESTA EDICIÓN

El lenguaje, los discursos, las narraciones, las descripciones, en fin, el hecho de decir lo que algo es –por ejemplo una sociedad– y así comprenderlo, volverlo transparente al conocimiento, es uno de los núcleos centrales del pensamiento contemporáneo. Reflexión que se enriquece reconociendo que el lenguaje hace –hacemos con él– mucho más que decir lo que las cosas son, aun cuando lo dice. Uno de esos esfuerzos, la hermenéutica, como búsqueda de claves que permitan el acceso a todo aquello que el texto –o quien narra– omite y que es precisamente lo que lo hace inteligible, desempolvó el más que milenario tratado de narrativa del viejo Aristóteles: su Poética. Así, para aquel autor, el oficio del rapsoda –y también el de historiadores– no es solo presentar al auditorio una sucesión de hechos que arman un relato, sino que es hacerlo desde una trama o matriz que les da orden y que en definitiva es la que construye la inteligibilidad de una narración. Esto podría certificarse en el hecho de que muchas veces, la discusión entre narradores o descriptores, ya sean sociológicos o historiográficos, no es una discusión sobre la veracidad de los hechos narrados, sino una discusión en torno a las tramas o matrices previas a la construcción de la narración, que son las que justamente permiten a quien narra seleccionar hechos, casos o sucesos –y olvidar otros– y darles funcionalidad dentro de una narración que siempre, busca algún tipo de finalidad en su auditorio. Auditorio –para mayor complejidad de la cuestión– que también construye sus tramas para comprender, interpretar y valorar lo que oye.

Obviamente esto nos arroja ante un universo de problemas: ¿cómo construye la trama quien narra? ¿Es siempre consciente de eso? ¿Cuáles son las condiciones para elaborar una matriz narrativa? ¿Qué debe ponerse antes que ella, o mejor dicho, cuál es la instancia que nos permite decir que una matriz narrativa es mejor que otra? ¿Cuánto hay ahí de racionalidad y cuánto de voluntad de poderío? En fin, mucho se sigue diciendo sobre esto, y es esa una discusión en la que participa Mauricio Schvartzman con la obra que aquí presentamos. Entonces, vaya como sinopsis de cuanto sigue: Mauricio Schvartzman no solo hace con este trabajo una descripción del Paraguay de las postrimerías dictatoriales –lo cual le reclama narrar su historia de punta a punta– sino que además, lo hace con la gentileza –o la necesidad– de explicarnos con detalles la composición de esa trama o matriz que permite su descripción de la sociedad paraguaya. El título de esta obra debería ser tomado en su mayor literalidad posible.

Las matrices narrativas que permitieron ensamblar sucesivas explicaciones del Paraguay durante casi todo el siglo xx no fueron muchas, pero aun así, han hecho posible una infinidad de narraciones históricas, sociológicas, políticas, económicas o culturales. Pero si hablamos de su relevancia, de su incidencia, de su capacidad de configurar representaciones e imaginarios, de orientar la mirada tras la búsqueda de hechos o datos, o simplemente de hegemonizar, la lista se acota y no podemos sino decir que solo fueron dos. Hablamos de las matrices con las que a lo largo de poco más de un siglo nos hemos narrado o explicado. La primera, la que intentó hegemonizar la refundación del Paraguay luego de la gigantesca tragedia finalizada en 1870 –y la que también se inaugura ahí– es la de matriz liberal con más o menos genes spencerianos o mitristas: Paraguay, tierra de infortunios primigenios y de taras fundacionales, a fuerza de su propia historia –y no por designios genéticos, como sí se diría en Bolivia o Argentina de esos mismos pueblos– terminó constituyéndose en una sociedad cretinizada por su dirigencia colonial y posteriormente nacional, que con el yugo de la feroz vigilancia tornó a su pueblo en una suerte de rebaño temeroso, incapaz de cualquier responsabilidad, y por ello, refractario a los pactos requeridos por “la civilización”. Todo eso, según ese discurso. Cecilio Báez, quizás el más lúcido ensamblador de esta matriz explicativa en el Paraguay, compuso este relato histórico y justamente con él también planteó imperativos y diseñó la utopía de la modernidad y la civilización en el suelo paraguayo, cuyo requisito era –y sigue siendo para esta matriz explicativa– el olvido de un pasado forjado en la barbarie y el liderazgo de una elite ilustrada, inmunizada por ello mismo del virus bárbaro. Y hay que decir que esta matriz también posibilitó discursos explicativos del autoritarismo del siglo XX, particularmente, de la extensa dictadura de Stroessner.

La matriz narrativa que salió al paso del discurso liberal, fue ensamblada por los jóvenes intelectuales del 900, interpretando –cuando no anticipando– las sensibilidades continentales inauguradas por Rodó desde Uruguay. Juan O’Leary se hizo con el liderazgo expresivo de esta generación y junto a Manuel Domínguez urdió una nueva matriz narrativa centrada en el carácter o forma de ser del paraguayo –varón–: lejos del cretinismo fundacional imputado por Báez, el paraguayo fue un pueblo, o una “raza” como los tiempos lo denominaban, fundamentalmente homogéneo –de ahí la carátula de lo heterogéneo como extraño y hasta nocivo–, bien fraguado étnicamente, laborioso, fuerte, valeroso, abnegado, e interpretado históricamente por su dirigencia, que lejos de ser tirana, fue la expresión más acabada o un compendio de ese carácter nacional. Esta arcadia fue interrumpida brutalmente por la guerra, el genocidio, y posteriormente traicionada y olvidada por la dirigencia oportunista que lideró la refundación desde 1870. Durante los años 30 del siglo XX, Natalicio Gonzáles –quizás el más lúcido articulador de esta matriz– reformulando el discurso romántico alemán del siglo XIX e inspirado en Maurras, planteó su núcleo en el Paraguay: las instituciones modernas, liberales y democráticas –y también las otras, “las que requieren de agitación” para lograrlas– fueron y son extrañas al carácter histórico, o la raza paraguaya, que es en sí, una particularidad cósmica que expide acta de defunción a las ideas e instituciones no forjadas por él –una constante de los nacionalismos europeos y latinoamericanos–.

Todo eso, según este discurso. Esta matriz interpretativa surgió y operó como “relato alternativo” a la matriz de Báez desde 1903 hasta mediados de los años 30 del siglo XX, tiempos en los que comenzó a hegemonizar nuestra forma de narrarnos. El autoritarismo en esos años forjado que articuló este discurso, y posteriormente los altavoces institucionales de la dictadura estronista hicieron de esta matriz narrativa la posibilidad del relato que direccionó la convivencia paraguaya por casi sesenta años, tal como podemos ver en el trabajo –pionero– de hermenéutica discursiva de Guido Rodríguez Alcalá .

A fuerza de una centenaria repetición y de ejercicios de poder, ambas matrices narrativas y en ese orden histórico, crearon representaciones e imaginarios, y fueron el suelo del cual obtener nutrientes para las descripciones sobre el Paraguay, incluso, para incautos observadores que no adherían a ellas. También a fuerza de repetición y de ejercicio de poder, o mejor dicho, de la repetición como ejercicio de poder, ambas matrices agotaron nuestra forma de explicarnos socialmente, clausurando así la posibilidad de otros relatos, diversos, heterogéneos, con otros actores que esas matrices soslayaron y desde ya, con otros compromisos sociales y políticos. Aun podemos ver vigorosas a estas dos matrices tras cada discusión sobre nuestro pasado, tras cada explicación de nuestros pesares sociales, tras cada identificación de imperativos futuros, tras cada ritual, y tras el rastreo edificante de héroes –y verdugos– patrios, incluso en los ámbitos más impensados de todo lo que dimos en llamar espectro ideológico nacional.

Pero pecaríamos de complicidad si sostuviéramos que durante todo este tiempo no hubo voces diversas a estas dos matrices discursivas. Ya en los años en los que Báez y O’Leary batían a duelo estas dos formas de explicar al Paraguay, intelectuales como Rafael Barrett se constituían como voces diversas. Vaya como ejemplo: no fue el último. Pero su destino divulgatorio no tendría el éxito de las otras dos, sobre todo, el del discurso nacionalista: narraciones como éstas no llegarían a las difusio14 nes masivas en las aulas, tampoco brindarían nombres para bautismo de calles, sufriendo como sufrieron la veda de cualquier tipo de difusión sin clausuras metafóricas o reales, como la del diario en el que Barrett escribió.

A fines del siglo xx, con el advenimiento del proceso de democratización social tras la dictadura, también comienza un esfuerzo llevado a cabo por una extensa nómina de intelectuales, que desde la incorporación y elaboración de nuevas tramas, posibilitaron la sospecha a esas matrices interpretativas, que alternativamente hegemonizaron explicaciones durante casi un siglo. Un proceso que se inauguró en plena dictadura –nuestro autor es parte de él– y que lejos de terminar, continúa aun con expectativas más que estimulantes. Así, en los últimos tiempos descubrimos, muchas veces con asombro, actores históricos del Paraguay que las dos matrices narrativas que mencionamos más arriba no podían contener: mujeres donde nunca las vimos, hombres cuando creíamos que casi no los había, afrodescendientes –y la esclavitud, como una institución que también configuró nuestra historia–, obreros y sus demandas mucho antes de que las pudiéramos imaginar, sociedades de socorro mutuo y tempranos sindicatos, indígenas no idealizados, niñas y niños como actores históricos, etc. Y en ese trabajo de exploración de los olvidos provocados por matrices funcionales al autoritarismo –o, insistimos, por el autoritarismo como ejercicio de la narrativa– también encontramos otras voces, otras formas de narrarnos, otras sensibilidades descriptivas.

Así, hemos redescubierto en este último tiempo el ensayo histórico del marxista Oscar Creydt, cuyo destino inicial es más que ejemplificador: editado en 1963, mimeografiado, era leído clandestinamente en el Paraguay por un hermético puñado de inquietos e inquietas en alguna rebelde trastienda del centro asunceno. Pero este trabajo conoció las imprentas y el formato de libro ese mismo año en Moscú. Todo ello cuando Creydt describió al Paraguay desde una matriz interpretativa que había comenzado a articularse en el país más de cuarenta años antes de aquella lejana impresión. Fue finalmente publicado en Asunción en 2002 , con cuatro reediciones hasta hoy. Cierto es que su destino de clandestinidad originario, aun puja en la academia contra los tics nerviosos sociales legados por la dictadura y actualizados por los fogoneos neoconservades que simplemente –y solo eso– insisten en que no hay nada que aprender de un marxista. Como fuera, nos parece que las grandes matrices interpretativas del Paraguay –al menos, lo proponemos como debate– pueden aumentarse a tres, es decir, incorporando a Creydt .

Por su lado, Mauricio Schvartzman, en los mismos umbrales de la obra que aquí presentamos, nos dice que la comprensión del Paraguay es la comprensión de una formación social. Este punto de partida nos permite una serie de consideraciones. En primer lugar, recordemos que el concepto formación social se inaugura en las páginas de la obra cumbre de Karl Marx, y se constituye como uno de los núcleos de discusión más concurridos por herederos y herederas de ese autor durante el siglo XX, justamente por ser el núcleo de la matriz descriptiva inaugurada por aquel alemán trashumante, en plena sede del capitalismo mundial del siglo XIX. Y más aun: nos parece que en lo fundamental, las diferencias existentes al interior de esta familia disfuncional –como buena familia que debe repartirse una fortuna– a la que llamamos “marxismo”, son generalmente diferencias que muestran las propias discrepancias a la hora de contestar a la pregunta sobre lo que es realmente una formación social.

Mauricio Schvartzman contesta en este trabajo a ese interrogante, y hasta donde sabemos, lo hace con bastante originalidad. Eso constituye a Schvartzman también en un interlocutor peculiar en la discusión de familia que en este párrafo mencionamos. El lector, la lectora interesados en ese tópico tienen aquí un agregado adicional.

La segunda cuestión queda ya insinuada en el párrafo anterior: Schvartzman se emparenta naturalmente con Creydt y también resta cierta exclusividad que durante estos últimos años atribuimos a este histórico marxista en la academia a la hora de historiar el pensamiento paraguayo. Pero si ambos describen desde matrices marxistas, precisamente por las diferencias entre las concepciones de ambos sobre los componentes de una formación social, y la relación de determinación entre esos componentes, deberíamos hablar de un parentesco no tan cercano.

Creydt, que escribe durante los años ‘60 y ni más ni menos que en Moscú –aunque no cómodo allí– asume una matriz ortodoxa y más cercana tanto a la vieja catequesis oficialista de la Komintern en América Latina, como a los ya olvidados tiempos en los que pro chinos y pro soviéticos discutían ferozmente la lista de requisitos para una revolución socialista, que en esos tiempos tenía rostro de liberación nacional –lo que redimensiona la expresión nación en el título de la obra–. Para Creydt, una formación social es la resultante del proceso histórico en el que la relación entre los modos y las fuerzas de producción determinan al resto de los componentes de la formación social, es decir, a la superestructura ideológica y al poder político justificado por ella en su forma de estado.

Las condiciones de esta determinación de lo económico sobre lo político y el circuito de ideas en una formación social, encierran el origen de un vicio ya visible en los albores del pensamiento marxista: recordemos que Engels renegaba de quienes memorizaban las leyes del materialismo histórico para autoeximirse del deber de estudiar historia. En estos términos,

parece que la realidad no tiene muchas cosas que decirnos más que confirmar las certezas previas a la observación. No sostenemos categóricamente que este fuera un vicio de Creydt, pero presumir –va un ejemplo– que los López como emblemas del poder político del estado son la expresión o el requisito de determinadas condiciones de producción y no su dominio –como podrá leerse en algunas decenas de páginas más– tal vez pudiera ser una petición de principios. En fin, debiéramos continuar la discusión sobre la más que sugestiva obra de Creydt, que podemos ya dejar aquí.

Por su lado, el marxista Antonio Gramsci, con otras exigencias intelectuales, y tiempo después que Engels –y por cierto, tiempo antes que Althusser o Foucault– señaló que algunos materialistas históricos, han hecho del materialismo histórico un manual de bolsillo, al alcance del investigador o del militante que, mediando la sencillez, bien pudiera clausurar la comprensión de la compleja relación que existe entre la estructura económica –modos y fuerzas de producción– su dirigencia política constituida como estado –la instancia de dominación cohercitiva– y el complicado entramado de representaciones e imaginarios de esa sociedad y sus diversas expresiones –o su cultura–. La aporía o invalidación por el absurdo puede formularse así: cualquier materialista histórico podría cerrar los ojos y al azar poner un dedo en un planisferio y tras preguntar si el país señalado tiene una formación social capitalista, podría derivar de ello su explicación en lo fundamental. Esta heterodoxia costaría a Gramsci mucho más que el alejamiento de la Internacional.

Mauricio Schvartzman toma a Gramsci, el heterodoxo, y explota su matriz reinterpretándola a partir de la certeza de que la formación social paraguaya es en sí, un bloque histórico –incluso, una sucesión de ellos– con componentes peculiares, huidizos de la presunción que instala al observador en la certidumbre ineluctable de que el poder político de una formación social es el resultado de las condiciones objetivas de producción.

Precisamente porque las constantes que hacen inteligible a una sociedad no pueden ser pensadas como un manual de bolsillo, rastreables indefectiblemente en cualquier formación social capitalista, sino como constitutivas de un bloque histórico peculiar, original, e incluso, irrepetible.

A partir de las nociones gramscianas de hegemonía y sociedad civil, y también de la ampliación de la noción de estado que realiza el marxista italiano, nuestro autor presume que las relaciones entre estructura económica y estado no tienen ineludiblemente una sola dirección. Creemos que esta presunción, que en Paraguay inaugura Schvartzman, “autoriza” a la realidad a ser más compleja.

Aunque preferiríamos hablar de un espíritu intelectualmente inquieto, tratándose de un materialista duro, diremos que Schvartzman fue dueño de una subjetividad intelectualmente inquieta: no solo toma a Gramsci, lo interpreta y con esos ajustes, lo pone a funcionar como una máquina nueva que debe andar terrenos para los que no fue diseñada, sino que también nos parece curioso el proceso de ajuste que realiza a esa matriz.

En efecto, introduce como conjunto de categorías explicativas al paradigma del pensamiento complejo fundado por Edgar Morin. Muestra así algún desprejuicio: Schvartzman es un marxista que toma a Morin, pero lo cierto es que el paradigma de la complejidad muy difícilmente pueda ubicarse en algún anaquel que no fuera el del funcionalismo, es decir, sospechoso de complicidad para un marxista promedio. Por otro lado, el paradigma de Morin, certero o no, no puede sino considerar al marxismo –y no solo al marxismo– como un metaparadigma bien inspirado, pero viciado de simplificaciones que condenan a la realidad a los golpes necesarios para amoldarse a unas pocas leyes que la explican, es decir, como legatario del peor Descartes. Así, entre el marxismo más o menos ortodoxo, incluso el gramsciano y el paradigma de la complejidad, parece mediar un abismo que a simple vista –o la que podemos– Schvartzman recorre con tanta osadía como capacidad arquitectónica para incluir en una matriz marxista la posibilidad de lo azaroso, lo inconstante, lo impredecible, la particularidad social.

Asumida e interpretada expresamente esta matriz gramsciana e incluida la posibilidad de lo históricamente inesperado, Schvartzman introduce la novedad que, nos parece, constituye el eje central de esta obra: es necesario que introduzcamos a nuestra matriz interpretativa la noción de hegemonía y que a partir de ella repensemos los posibles vínculos que históricamente existieron entre sociedad civil y estado en el Paraguay, cosa que él mismo hace en esta obra. Ese rastreo histórico abre las puertas a una nueva matriz narrativa que permite no solo la comprensión de los tiempos fundacionales del Paraguay, sino también, su historia completa, incluido el período al que Schvartzman describe con mayor exhaustividad, que es su presente. Así pues, nuestro autor confiesa la pretensión de explicar el período comprendido entre 1960 y 1988, lapso para él, abundante en datos diseminados, pero huérfanos de categorías descriptivas para hacerlo en forma de sistema. Por eso, esta obra, además de ser una exhaustiva descripción de ese período histórico, es también el esfuerzo por construir una plataforma teórica para hacerlo. Esta matriz narrativa fundada por Mauricio Schvartzman no es reductible a ninguna de las otras tres que mencionamos más arriba: es medularmente original. Por ello, creemos que más allá de sus desventuras de difusión, clandestinidad, acogida académica o social, hegemonía u olvido, y sin menoscabo de que pudieran estar gestándose algunas más en estos últimos tiempos –qué, decir de la obra de Bartomeu Meliá– las grandes matrices teóricas duras con las que se ha explicado el Paraguay podrían no ser tres, sino cuatro.

Finalmente, este trabajo fue editado a solo un mes del sorpresivo derrocamiento de Stroessner, pero su introducción está rubricada algunos meses antes: Schvartzman trabajó en él durante el ocaso de la dictadura.

Es necesario recordar que nuestro autor también vio el peor rostro de la dictadura en sus cárceles, durante dos años, y también con la veda de cualquier posibilidad de trabajo hasta 1989, mediando la advertencia policial: quien lo contratara lo hacía bajo su riesgo. Cierto es que luego de Nicaragua en 1979 y Malvinas en 1982, el estronismo había perdido el histórico aval del norte, y los procesos democráticos en la región ya arrinconaban a una de las últimas dictaduras sobrevivientes del Conosur.

Sumado a ello el creciente movimiento social antidictatorial, no debe asombrarnos que hombres y mujeres como Schvartzman se sintieran autorizados a ilusionar. Pero contar con la ventaja de conocer la historia no debe hacernos olvidar que en 1988, la democracia era una ilusión más que una certeza. La dictadura, herida y arrinconada era precisamente eso: una bestia herida y arrinconada que oscilaba entre la prudencia y la ferocidad, por ello también, mucho más peligrosa para hombres y mujeres como nuestro autor. Schvartzman escribió este trabajo en esos tiempos.

Tal vez eso otorgue a esta obra algún valor adicional que comparte con otras pocas, y que no está escrito en sus párrafos.

Mauricio Schvartzman, el heredero confeso de una rebeldía ancestral, el autor de la poesía plena de reconocimiento a la humanidad, el dueño de la pluma satírica y mordaz –un humor lúcido y sutil, tan frecuente en hijos e hijas de alguna de las doce tribus– con que registró desde su columna periodística los primeros años de la transición democrática, nos vuelve a sorprender aquí con una meticulosa prosa académica, profusa en referencias bibliográficas, atenta para la sutileza que elude el lugar común, y tan comprometida como desprejuiciada y respetuosa.

Mauricio Schvartzman nos brinda con todo ello la posibilidad no solo de comprender un lapso de nuestra historia, sino además, de someter a prueba nuestras matrices y así andar pistas hacia mejores aproximaciones a nuestro propio conocimiento. La posibilidad de seguir construyendo formas de narrarnos. Va entonces aquí una auténtica contribución al estudio de la sociedad paraguaya.

Darío Sarah

Asunción, noviembre de 2011

 

 

PRESENTACIÓN

 

“En su trigésimo séptimo intento de crear el mundo, Jehová

exclamó: veremos si éste perdura”.

De un cuento talmúdico

 

En los años 80, la bibliografía referida al conocimiento de la sociedad paraguaya se ha multiplicado notablemente. Es como si de pronto se descubriera, valga la exageración, que esta sociedad también se movía. Se han producido así aportes importantísimos en los campos del análisis social, antropológico, económico, político. Esto ha despertado en nosotros el interés por reunir en una obra las contribuciones más significativas al conocimiento de la sociedad paraguaya actual. Y fundamentalmente, encontrar, en la articulación de esas contribuciones, claves interpretativas de la singularidad de un sistema social y político que representa un caso excepcional en el conjunto de las sociedades latinoamericanas.

La articulación de los aportes y la búsqueda de claves interpretativas, fueron enmarcadas en un intento de elaborar un esquema teórico que pudiera servir de punto de partida para la formulación, en trabajos posteriores y de más profundidad que éste, de una teoría general de la sociedad paraguaya. Algo que personalmente hemos sentido –y creemos que expresamos una inquietud general– es la relativa dispersión en que se desarrollan los conocimientos en los distintos campos de la práctica social. En este trabajo estamos ensayando (nuestro gerundio indica, precisamente, que estamos en un proceso, que lo hecho hasta ahora no es definitivo) ordenar en un esquema teórico distintos aspectos de la vida social paraguaya de los últimos veinte años. El eje principal de ese ordenamiento es el concepto de formación social.

Para elaborar el concepto, nos hemos basado en estudios históricos, económicos, sociológicos, demográficos y políticos realizados entre 1960 y junio de 1988. Fundamentalmente de los que fueron publicados en la forma de libro. En algunos casos, cuando hemos necesitado completar cierto cuadro informativo, hemos recurrido a fuentes primarias y a publicaciones mimeografiadas o similares, que circulan como cuadernos de discusión, informes de investigación, etc. Además, hemos recurrido a la totalidad de los artículos publicados en las tres revistas especializadas en ciencias sociales más importantes del país: la Revista Paraguaya de Sociología, los Estudios Paraguayos y el Suplemento Antropológico. Importantes contribuciones que no fueron publicadas como libro, no han sido incluidas en la bibliografía de este trabajo, en un intento de delimitar, con un criterio práctico, nuestra “materia prima”. Incluirlas hubiera exigido, además, un esfuerzo complementario fuera del alcance de nuestra programación.

Del total de la bibliografía revisada –y que la presentamos en el apéndice hemos seleccionado las contribuciones que, a nuestro criterio, representan un trabajo sistemático o enfoques interpretativos, fundamentalmente cuando esas interpretaciones estaban orientadas a un contexto global. Muchos textos descriptivos, interesantes, importantes, pero que contenían referencias utilizadas por otros autores, no son mencionados, porque hemos preferido utilizar esa información contenida en trabajos de mayor alcance analítico. Es el caso particular de los análisis económicos de coyuntura, que contienen información reiterada y extraordinariamente dispersa. Por eso hemos privilegiado a aquellos autores que han hecho propuestas interpretativas globales de la realidad económica paraguaya. De cualquier manera, si figuran en el apéndice bibliográfico es porque también los hemos utilizado, de alguna forma, en nuestra elaboración.

Algunos autores que fueron pioneros en el tratamiento de ciertos temas sociales, fueron citados no precisamente en sus obras iniciales, sino en escritos posteriores en donde han volcado la síntesis de sus aportes al conocimiento de la sociedad paraguaya. Tales son, por ejemplo, los casos de Domingo Rivarola, Ramón Fogel y Luis Galeano, quienes hicieron los aportes sustanciales al conocimiento de la sociedad paraguaya. Como este libro que presentamos no tiene el propósito de realizar una crítica de la literatura social, sino articular aportes significativos en un esquema global, nos apoyamos fundamentalmente en sus últimas contribuciones, en donde logran alcances interpretativos de excepcional riqueza.

En la Introducción presentamos unas Notas recurrentes a una teoría de la formación social paraguaya. Es nuestro marco epistemológico, endonde desarrollamos, en una primera parte, el principio de complejidadcon el que concebimos a la formación social; y en una segunda parte, elconcepto mismo de formación social. En el principio de complejidadincluimos la noción de interacción como la verdadera fuente de explicacionesde los hechos de la realidad. Lo complejo, señalamos, considera lo real en su heterogeneidad de elementos y sistemas complementarios, recurrentesy antagonistas. Y dentro de lo heterogéneo, lo complejo incluyea lo aleatorio, al evento no previsto, a lo aislado. Definimos así, siguiendolos descubrimientos recientes de la termodinámica y de la genética,principios generativos del orden, en donde la probabilidad de ocurrenciapuede constituirse en el fundamento de la ley. La noción del “desordenorganizador” confirmado en experimentos termodinámicos, una nuevavisión del comportamiento universal, de gran efecto en la comprensiónde los cada vez más complejos sistemas sociales.

A partir de estas nociones, desarrollamos precisiones acerca de los conceptos de orden, estructura, sistema, organización y formación social, muchas veces utilizados en la literatura en general sin delimitaciones, como sinónimos. Desde nuestro punto de vista, estas precisiones conceptuales son de mucho valor instrumental, en tanto permiten categorizar distintos niveles de interacción. Así, mientras la estructura connota reglas de composición, y el sistema, el proceso que determina un conjunto de interacciones, la organización, connota la persistencia y dirección de un sistema; y la formación social, su historia o los límites históricos de un sistema, en otras palabras, el tiempo del sistema.

En la segunda parte de la Introducción, se describen los componentes de la formación social; el sistema de relaciones económicas, en donde se localizan los principios generativos de la organización social, y el sistema de dominio y dirección, que es el nivel de programación de la formación social. Pero los principios generativos del sistema económico no suponen una determinación unidireccional de lo económico a lo social y político. Lo único determinante son las interacciones entre los grandes sistemas. Al definir los componentes de cada sistema nos detenemos, hacia el final, en los conceptos superestructurales de la sociedad civil y sociedad política, dos conceptos ampliamente utilizados en la literatura social paraguaya y creemos que con mucha ambigüedad. Apoyándonos en Gramsci, quien los elaboró sistemáticamente, definimos a la sociedad civil como la constituida por la clase social dominante. Es decir, la sociedad civil sería la dirección de clase de la sociedad. En tanto la sociedad política sería su prolongación, el nivel de la coerción social.

En el Capítulo 1, Raíces históricas de la formación social paraguaya, hacemos una revisión de la historia del Paraguay, cuya idea central es que las severas dificultades para la constitución e integración de una clase fundamental determinó un vacío de dirección civil, que fue compensado por la centralización en el Estado, de esa dirección. Tal compensación es el hilo rojo que recorre toda la historia del Paraguay hasta nuestros días y lo que explica la persistencia del régimen político actual.

Dividimos la historia en dos partes: una, constituida por el período colonial y la dictadura personal perpetua del Dr. Francia; y otra, determinada por la gran ruptura que representó el gobierno de Carlos Antonio López.

La primera parte, es la etapa histórica del desvío de la acumulación originaria de capital en la época colonial y del bloqueamiento del desarrollo capitalista en el gobierno del Dr. Francia. Aquí discutimos las interpretaciones que atribuyen un carácter popular y revolucionario a la dictadura francista y sostenemos, por el contrario, que la dictadura perpetua fue la no resolución de la crisis colonial. Lejos de haber permitido la democratización de la tierra y haber facilitado el acceso de masas organizadas a los niveles de decisión del poder, el Dr. Francia impidió el acceso de los campesinos paraguayos a la tierra y decidió, mediante una guardia militar en el último Congreso, gobernar hasta su muerte con la absoluta prescindencia de la deliberación popular.

La gran ruptura se produce en 1844, cuando Don Carlos Antonio López imprime la dirección del desarrollo capitalista del país. Sus medidas tendían a la formación de una clase de latifundistas mediante la venta a particulares de las tierras públicas (sus familiares, colaboradores inmediatos, inmigrantes y extranjeros que ni siquiera conocían el país), y a la creación de una infraestructura industrial moderna. La guerra no interrumpe el proceso, sino que lo acelera. Con o sin guerra, la privatización de las tierras públicas, la formación de una burguesía nacional y la penetración del capital monopolista iban a darse necesariamente. Por eso, sostenemos que desde 1842 se desarrolla un proceso ininterrumpido hasta nuestros días.

En el Capítulo 2, El principio constitutivo de lo social: la producción, se analizan los componentes del modo de producción, la población y elpotencial de la fuerza de trabajo, en donde se considera el crecimientopoblacional y sus componentes básicos: fecundidad y mortalidad yla estructura por edad, y la población económicamente activa; la tierray la organización productiva agropecuaria, y el aparato y formas de laorganización industrial. Fundamentalmente, se trata de presentar en elcapítulo las características del potencial productivo y de las relaciones deproducción. En su conjunto, se presentan factores productivos que, en suinterrelación, determinan la formación de las clases sociales, pero sólo alnivel de su generación. Recién al nivel de la integración jurídico-políticase constituirán verdaderamente como clases.

En el análisis de la población se señalan comportamientos que caracterizan a la fuerza de trabajo y a su potencial; y al mismo tiempo, las determinaciones sociales en la estructura poblacional, de tal forma que relativiza los aspectos vegetativos de su evolución. En el problema de la tierra y la organización productiva que se genera en torno a ella, emergen las profundas transformaciones que han ocurrido en las relaciones de producción en los últimos 30 años, y que se expresan por la formación de nuevas fracciones de clase y por el proceso de descampesinización. El análisis de la estructura industrial señala, por su parte, la prevalencia del artesanado, la existencia de una enorme capacidad ociosa y la remarcación de una economía de base fundamentalmente agroexportadora.

El análisis es elocuente de la debilidad de una burguesía industrial, que afecta decisivamente al sistema de dirección de clase, y por supuesto, de la debilidad concomitante de una clase obrera industrial, la fracción de clase más dinámica en las formaciones sociales contemporáneas.

El Capítulo 3, El principio de reproducción de la organización social: la acumulación del capital, desarrolla aspectos relacionados con la reproduccióndel capital social. La relación entre el pib y la distribución delIngreso Nacional es analizada a través de una descripción de su comportamientoy de la presentación de los casos de Itaipú, de las inversionespúblicas y de las transferencias del valor de las explotaciones campesinasalgodoneras a los centros urbanos. Particularmente en el caso de las explotacionescampesinas algodoneras, se expresa claramente el proceso deacumulación de capital sobre la base de la retención, por agentes agroexportadores,y del capital usurero, del capital industrial y del aparato estatal,de una extraordinaria masa de valor creada por la fuerza de trabajocampesina. El proceso es significativo, además, de la descomposicióncampesina y la consiguiente formación de una fuerza de trabajo “libre”(de propiedad), estacional e itinerante.

La escasa participación en el Ingreso Nacional de la mayoría de la población tiene consecuencias en la reproducción restringida de la fuerza de trabajo, es decir, en los niveles cada vez más amplios de desocupación y subocupación, en el aumento del costo de vida y en la reducción relativa de los salarios, que hacen cada vez más difícil la supervivencia de los trabajadores. El aumento de las transferencias de valor creado por la fuerza de trabajo y de la pobreza, son consecuencias directas del proceso de acumulación de capital. En una dimensión más compleja, tal proceso se expresa por una ley de población que postula la formación de un excedente poblacional y de profundos movimientos migratorios que producen una recomposición de clases y fracciones de clases sociales. El esquema de la acumulación de capital se completa con la constitución de colonias de migrantes campesinos, cuya programación fue la base de la recomposición social y de la expansión de la frontera agrícola promovidas por el sistema económico-político actual y al mismo tiempo, de la desmovilización campesina por el reclamo de la tierra.

En la sección dedicada a Las ventajas comparativas de las relaciones económicas, se encara la posición que ocupa el Paraguay en el mercadomundial, a través de su especialización productiva en la división internacionaldel trabajo y de la evolución de sus balanzas de pago y comercial.

Los datos son reveladores de la enorme importancia de la participación paraguaya en el mercado mundial y así también, del persistente y creciente desequilibrio de su balanza de pagos. Se destacan en el análisis los vínculos de la dependencia del capital extranjero y de los centros de dominación mundial. Particular significación tiene, en este sentido, los montos de la deuda externa, problema ampliamente conocido y debatido, razón por la cual sólo hemos hecho una presentación de sus indicadores más generales.

Finalmente, en el Capítulo 4, Las relaciones sociales terminales. Las formas de dominio y de la libertad, analizamos las formas finales en lasque se expresan las relaciones sociales: el acceso, institucionalizado, a losservicios y recursos colectivos que proveen a la satisfacción de necesidadesbásicas, y las relaciones jurídico-políticas a través de las cuales la sociedadrealiza su libertad o por lo menos tiene las garantías de reclamarla.

Así nos referimos a las Necesidades Básicas Insatisfechas (nbi), entre las que destacamos la educación, la salud, la vivienda y la utilización socialmente organizada del tiempo libre, a modo de indicadores selectivos altamente expresivos de las Nbi. En este apartado, nos basamos en datos primarios de fuentes oficiales, pero hacemos desgloses y puntualizamos cierta información que, muchas veces, aparece inadvertida en las meras descripciones estadísticas. Así, por ejemplo, señalamos la magnitud de la cobertura escolar y la capacidad de retención del sistema, que señalan las excepcionalmente difíciles condiciones de la mayoría de la sociedad paraguaya para acceder a la educación. Lo mismo ocurre con el acceso a los servicios de salud. La cobertura sanitaria pública cubre entre la mitad y menos de la población rural, la más necesitada de los servicios públicos.

Las tasas de mortalidad según causas, son reveladoras del bajo nivel de supervivencia de la sociedad en general. En el acceso a los servicios de salud es donde, posiblemente, se refleje con mayor dramatismo el estado crítico de insatisfacción de las necesidades básicas. La vivienda es otro importante rubro de las insatisfacciones sociales, en donde se destacan la ausencia de servicios básicos como luz y agua, que registran una de las tasas más bajas de América Latina y el problema de las viviendas en tierras inundables. Por otra parte, la utilización socialmente organizada del tiempo expresa las grandes limitaciones del desarrollo personal y de las relaciones sociales secundarias, limitaciones que no permiten ampliar el entorno inmediato del individuo y sus posibilidades de participación.

El otro aspecto de las relaciones terminales es el referido a la práctica jurídico-política de la sociedad. En una primera parte se analizan aportes que caracterizan al régimen político vigente y fundamentalmente aquellos que permiten explicar su larga duración. Se incluyen, en una segunda parte, aportes a la caracterización de los movimientos campesinos, obreros y estudiantiles, cuyos problemas de organización y movilización y, particularmente, sus dificultades para resistir los golpes represivos, señalan el bajo grado de integración y el bajo nivel de identidad de sectores fundamentales da la sociedad paraguaya.

En su conjunto, hemos analizado distintos aspectos que configuran la formación social paraguaya. Queda abierta aún la inclusión de muchos otros aspectos y la profundización de lo que hasta aquí se ha tratado. Por ejemplo, debe encararse el estudio sistemático de las clases sociales en el

Paraguay. La información actualmente disponible sólo permite analizar con profundidad al sector de los campesinos. Es necesario encarar estudios que comprendan al sector obrero, a la burguesía nacional y a esa extensa y compleja capa social comúnmente denominada “clase media”.

Lamentablemente no existen estudios especializados sobre estos sectores sociales. Así también estudios más sistemáticos y completos sobre los partidos políticos, tanto legales como no reconocidos y clandestinos.

Estos estudios permitirían cerrar el esquema teórico de una formación social. Hasta ahora no hemos hecho más que presentar ciertas bases teóricas y un conjunto global de información disponible, que faciliten la formulación de una teoría general de la sociedad paraguaya.

Queremos agregar a nuestras justificaciones que no hemos incluido en este trabajo los importantes y numerosos estudios antropológicos, porque creemos que ellos necesitan de un tratamiento particular y cuando la teoría de la formación social paraguaya tenga mayor consistencia.

Lo mismo decimos con respecto a temas específicos como los problemas sociales y políticos de la mujer, y la emergencia y desarrollo de movimientos sociales no ligados de inmediato a reivindicaciones económicas, como, por ejemplo, los movimientos por los derechos humanos.

Finalmente, ellos dirán otra vez que no es necesario, pero insistimos, nuestro agradecimiento a los directivos del Cidsep, Dr. Carlos Alberto

González y Dr. Gustavo Bécker, quienes generosamente aceptaron la responsabilidad de contratarnos para este trabajo.

Asunción, 14 de julio de 1988

Mauricio Schvartzman

 


 

 

 

 

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