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OLGA CABALLERO AQUINO


  MADRES EN EL AMOR Y EN LA GUERRA, 2006 - TESTIMONIOS DE MUJERES PARAGUAYAS 1930 – 2004 - OLGA CABALLERO AQUINO - MARIA GLORIA GUTIERREZ GUANES


MADRES EN EL AMOR Y EN LA GUERRA, 2006 - TESTIMONIOS DE MUJERES PARAGUAYAS 1930 – 2004 - OLGA CABALLERO AQUINO - MARIA GLORIA GUTIERREZ GUANES

MADRES EN EL AMOR Y EN LA GUERRA

TESTIMONIOS DE MUJERES PARAGUAYAS 1930 – 2004

OLGA CABALLERO AQUINO - MARIA GLORIA GUTIERREZ GUANES

Editorial SERVILIBRO

Dirección Editorial: VIDALIA SÁNCHEZ

Diseño de tapa: BURÓCREATIVO

Primera Edición: Noviembre 2004

Segunda Edición: Agosto 2006

Asunción – Paraguay

2006 (203 páginas)




OLGA CABALLERO AQUINO

Era joven e inocente, creyó que Vuestra Señoría justicia haría, estudió Derecho y Ciencias Sociales en la Universidad Católica. Ejerció la profesión de abogada por un tiempo, hasta que se rindió ante la realidad: Su Señoría le jodía.

El Señor Juez “proveía de conformidad”, de conformidad a sus intereses. Demasiado le compadecía a la diosa Astrea, a quien hurtado habían la venda y la balanza.

Poseída por el pecado capital de la envidia, huyó despavorida del Poder Perjudicial. Y devota de la pobre Astrea despojada de sus armas, quiere devolverle por lo menos unos anteojos de sol.

Veleidosa y caprichosa, cree que hay que organizar la esperanza con los compañeros y las compañeras, que aún conservan la espada de la fe.

Se dedica a la comunicación como acto de amor, escribe cuadernillos educativos, guiones para videos, libros, y colabora con los Diarios y publicaciones internacionales.

PUBLICÓ:

PINTADAS POR SÍ MISMAS. HISTORIA DE DIEZ VIDAS. Con Marilyn Godoy y Manuelita Escobar. La historia de “sus mujeres”, subieron a las tablas de la mano de Edda de los Ríos.

MUJER PARAGUAYA JEFA DE FAMILIA con Marina Díaz de Vivar.

POR ORDEN SUPERIOR, que la llevó a participar de un Encuentro de Creadores realizado en la Universidad de Nueva York y otros foros. OFICIO DE MUJER con Esther Prieto.


 

 

MARIA GLORIA GUTIERREZ GUANES

Nació en Villarrica del Espíritu Santo, una ciudad de peculiares características. María Gloria y pertenece a la generación de la protesta, los sueños revolucionarios y las benditas píldoras anticonceptivas.

Desde muy joven, ejerció el periodismo radial, mientras soñaba con la libertad, lejos de esta sociedad hipócrita.

Desde su puerto, Asunción, viajó hacia su destino, los Estados Unidos de América, tierra de promisión. Pero, su insaciable curiosidad por conocer el mundo la lleva a vivir en diversos países, en calidad de corresponsal de prensa, como México, Gran Bretaña y España.

Los años ochenta la reciben Madrid y Eduardo Aznar, quien logra cortarle las alas y posarla en un nido sin jaula.

Cansada de lamentos estériles, de los paraguayos perseguidos por Stroessner, organizó un movimiento de resistencia con Augusto Roa Bastos.

Por ahora, se baña entre dos aguas; las del histórico mar Mediterráneo y las voluptuosas, tibias y soleadas playas de Bahía de Sari Salvador, tierra del Señor de Bom Fim.

Publicó:

LOS DUENDES DE LA REBELDÍA

EN LOS SÓTANOS DE LOS GENERALES con Boccia, López y Pecci.



A NUESTRAS MADRES

Del combate entre el olvido y la memoria surge la historia.

A veces en el sigilo, a veces en el clamor entre la luz y la sombra, en el resplandor de la tiniebla, sobre el paisaje del mundo y el laberinto de la historia, surge el perfil de aquellos hombres y mujeres que en el espejo del tiempo dejan su sombra, sus huellas, sus ecos, su verdad y su ejemplo.

Así, entre el océano de fechas y sucesos, siempre hay islas y bahías donde el corazón de la memoria se vuelve memoria del corazón y se transfigura en vivencia y palabra, en realidad y ensueño.

Fragmento del ensayo inédito sobre “La Historia y sus rostros: testimonio, leyenda y utopía” del escritor y crítico Emilio Pérez Chaves.



SOPLARON LAS LLAMAS APAGADAS DE LA HISTORIA

MADRES EN EL AMOR Y EN LA GUERRA, son páginas entregadas por Olga Caballero de Aquino y María Gloria Giménez Guanes, verbos que van a llenar una laguna histórica de más de medio siglo.

Hasta el día de hoy, poco o casi nada se ha relatado acerca de la fuerte presencia de la mujer paraguaya como protagonista de retaguardia en la Guerra del Chaco, y, posteriormente, en la revolución civil de 1947.

Rosas, Luisas, Marías, Cármenes, Anas, Lidias, Leopoldinas, son legítimas representantes de la valiente estirpe de anónimas heroínas emergentes de las duras batallas enfrentadas por las familias paraguayas.

Fuera de los campos de combate en épocas particularmente difíciles para el país, estas bravas mujeres, usaron como armas el coraje, la abnegación, su reconocido espíritu de sacrificio y humildad, aliadas a su inmensa capacidad de comprender, apoyar y amar a sus hombres, a sus compatriotas.

A esos compatriotas que aun siendo objetos de su ternura y dedicación, las mantuvieron ocupando un segundo plano en sus vidas, en la vida pública: ellas ni tan siquiera pudieron disfrutar del derecho político más elemental que es el voto.

Hasta al alumbramiento de estas “Madres en el Amor y en la Guerra”, a ninguno de ellos le preocupó conocer sus amores, sus temores, sus sentimientos, sus sufrimientos, sus ingenuos y ardorosos sueños de niña- mujer jamás alcanzados.

¿Quién reconoce la tenaz resistencia en la lucha por la preservación de los valores éticos y morales de la amenazada familia paraguaya?

Olga y María Gloria lograron reunir relevantes testimonios de estas admirables personas, de sus descendientes, hijas, nietas, tías.

Soplaron las llamas de las brasas del tiempo. Cincuenta años de negligente olvido, trajeron la luz y el calor de relatos, de palabras que demuestran la altivez, la fibra y la capacidad inagotable de aceptar los retos de las adversidades de la vida desde un universo femenino, universo injustamente olvidado.

Olga Caballero Aquino, noble descendiente de Pedro Juan Caballero, Prócer de la Independencia del Paraguay, al legarnos estos relatos coloca una gema más en aquellas joyas que son las acciones de lucha por la igualdad de género en su país, cuando nos permite reconocer como héroes no tan sólo a aquéllos que vencieron manejando los fusiles y las espadas.

La vida nos enseña a buscar siempre al lado de un guerrero a aquella mujer que empaquetó sus sueños de aventura, y recibió en sus amorosos brazos tanto al loado vencedor como al menospreciado hombre derrotado.

Parafraseando a Josefina Plá: LIBERTAD ES PODER SOÑAR.

Felicidades, Olga y María Gloria por lograr transformar su sueño en realidad.


Nordelia Castello Branco Gradowski

Presidente 2000/2002 del

SOROPUMISMO INTERNACIONAL DE LAS AMÉRICAS.

Curitiba, noviembre del 2004.



TIEMPO DE HACEDORAS

Confidencias alzándose desde el hondo recuerdo femenino, encuentros con lo desconocido del pasado, chispazos del destino individual y colectivo, la fuerza invisible del espíritu, las señales sagradas de un tiempo de hacedoras: he aquí un compendio, un mapa de la historia paraguaya en la memoria tierna y esperanzadora de un grupo de mujeres extraordinarias.

Al leer este libro, secretamente me observé sentada en el borde de un manantial de aguas trasparentes, deliciosas.

Habitadas por ese paraíso de lo esencial, estas personalidades vibrantes en su lucha, testimonian la energía profunda de la naturaleza de la hembra civilizadora: comunican el sentimiento de que hay en ellas poderes extraños, magias fundamentales y revolucionarias obras, una alegría y una gloria de existir, de hacer el pan, de cultivar jardines, de ser madres para que lo más simple y cotidiano se torne signo inmortal.

Estas mujeres retratadas desde su experiencia existencial más verdadera, son alondras que cantan, manos que plantan cielos, bellas, tan bellas que nos dejan maravilladas con su ejemplo de seres humanos comprometidos solidariamente con su familia y su comunidad, en un vértigo de participación con los otros, de sacrificio, de pasión mística.

Así exponen la sabiduría de trascender la prisión de lo personal. En cada relato hay un fulgor de hechos generosos con una causa justa: la de redimirse redimiendo, entregándose altivas, leales, al agitado pulso de su época y sus necesidades.

Son unas vidas que circulan sobre el río de la Tierra que bendicen pródigas. Contra toda amargura consiguieron salvarse, apartar las tinieblas interiores buscando la felicidad.

Te hacen reír y llorar. Te reconcilian con tu espejo genuino, el que te dice no, que no eres débil sino heredera de todo ese amor irguiéndose sobre la nada.

Virtud, fertilidad, nobleza, bondad: este legado es nuestro para siempre. Gracias, mil gracias, todas las gracias.

Nila López









Y... SE HIZO: EL DÍA DE HOMENAJE A NUESTRAS MADRES

Para que la memoria abra camino a un futuro de equidad con las mujeres, desde hace mucho tiempo vivía poseída por la necesidad de dejar constancia de la vida de nuestras madres, de aquellas mujeres que son objeto de la más enorme afrenta a la justicia: el olvido.

Nuestras madres, aquéllas que fueron las ignoradas protagonistas de una historia que nos cuenta de grandes héroes, victoriosos en violentas batallas, de aquéllos que ignoran que, desde que los griegos inventaron el diálogo, las personas humanas pueden dirimir sus diferencias haciendo uso de esta arma perfeccionada para la paz.

Herederos de los "filósofos de la selva", los hombres no tienen interés alguno de aceptar, sin beneficio de inventario, la acaudalada herencia espiritual de los guaraníes: hasta el día de hoy, reunidos en agotadores conciliábulos, manejan los desacuerdos. El medio utilizado: la discusión. El resultado: el consenso.

Las mujeres sí la hemos valorado, y, en los inevitables antagonismos familiares, sabemos de la democracia deliberativa, de la resolución pacífica de los conflictos y de nuestra misión de arbitraje y conciliación.

Pacifistas, donamos vida y detestamos su destrucción. Pero, nuestras madres, en contra de sus convicciones, se vieron obligadas a sufrir la Guerra del Chaco con Bolivia, lloraron la pérdida de hijos, hermanos, tíos, amigos. Se ofrendaron como enfermeras, trabajaron como sostén de sus familias, como proveedoras del Ejército en el frente de batalla, y, con ternura, asistieron a sus ahijados en su rol de madrinas.

Arañaron la tierra para sostener la quebrantada economía de un Paraguay empobrecido en la post-guerra. Lo lograron. Y... de nuevo los hombres, un hombre: Higinio Morinigo y sus aliados en la Revolución Civil de 1947, mutilaron a la familia paraguaya, Víctimas: nuestras madres, Personajes principales: nuestras madres.

¿En qué libro de Historia están escritas estas vidas? Con María Gloria hoy queremos hacer visible una porción de estas páginas de una gran edición que la historia paraguaya adeuda a las mujeres.

Los relatos reflejan con fidelidad el pensamiento de ellas. Tan sólo los hemos unificado en un estilo e introducido los subtítulos para facilitar la lectura.

Y entregamos los testimonios de nuestras madres, unas pocas vidas que representan la de muchas otras, para que el pasado abra las puertas a un futuro de paz.

No es una utopía, será una realidad cuando se reconozcan los derechos de las humanas.

Gracias a las mujeres que con ternura y largos soliloquios se sumergieron en el bravo mar de la historia paraguaya, y, con las tablas de salvación construidas con espíritu de lucha y mucho amor salieron siempre con sonrisas, risas o llantos a las soleadas playas de la vida. A la maestra, eclética y generosa compañera de tantos tapé poí del feminismo, madre de este resultado, Gloria Rubín. Al sabio académico Pedro Antonio Alvarenga Caballero Alvarenga, que me hipnotizó con datos de la Villa de la Concepción como un cuento de hadas. A Emilio Pérez Cháves, por el poema más logrado: su madre. A Pamela Cañisá quien con tazas de té y mbeyú rescatamos un pedazo de la historia de Trinidad, a mi amigota Ana de la Luz Cuéllar y sus litros de té verde.

A Nila López por recordarme con Sócrates de que sólo sé que nada sé. A Christian Rosique, Director de la Alianza Francesa, por el entusiasmo demostrado desde el

inicio de esta tarea. A Eduardo Acevedo por su paciencia con esta ignorante del engendro de la ciencia oculta llamada informática. A Maluli Vera, cuya creatividad e imaginación sin límites comenzaron a volar cuando le dije que estábamos por publicar algo con María Gloria. Irreverente, replicó: "Che jeyma aje pikata", refiriéndose a la escenografía, dramatización y detalles que adornan la presentación de este ejemplar que está en tus manos y que es fruto del trabajo de una mujer osada y emprendedora, Vidalia Sánchez. Y al hombre que amo por... porque sí.

Olga Caballero Aquino

 




INDICE

A NUESTRAS MADRES

SOPLARON LAS LLAMAS APAGADAS DE LA HISTORIA

TIEMPO DE HACEDORAS

MUJERES, MUJERES

Y ... SE HIZO: EL DÍA DE HOMENAJE A NUESTRAS MADRES

DOÑA ROSA BRÍTEZ

LUISA CAÑISÁ DE FRANCO

MARÍA OLINDA CHÁVES DE PÉREZ FERRARO

DOÑA EDUARDA DEL CARMEN GIMÉNEZ ESCOBAR DE PRIETO

CARMEN GONZÁLEZ DE LÓPEZ

LIDIA GUANES DE GIMÉNEZ

ANA MARÍA RIVAROLA MATTO

LEOPOLDINA SANTANDER

 







LUISA CAÑISÁ DE FRANCO

 

CUANDO LA LIBERTAD ES UN SUEÑO

La libertad no es un sueño. Es poder tener sueños. El sueño es libertad!

(Fragmento de un poema de Josefina Plá)

Tuve el privilegio y la alegría de casarme con el Mayor Juan Manuel Franco, héroe de Guerra, distinguido con la Cruz de Chaco y la Cruz del Defensor, por sus actuaciones al frente del Regimiento Piribebuy, del que formaban parte los Universitarios como médicos, estudiantes de Derecho, de Medicina, un grupo de élite, vencedores en históricas batallas.


EN EL PARAGUAY EL HEROÍSMO SE CASTIGA

Desde mi unión matrimonial entré a formar parte de una familia íntegra, honesta, inteligente, de la cual era miembro un hombre del que, a pesar de su modestia, nadie dejaba de reconocer sus dotes de conductor y su aporte invalorable a la victoria paraguaya en la Guerra con Bolivia. Hoy su nombre está escrito en la historia del Paraguay: El Coronel Rafael Franco.

En el Paraguay, pertenecer a una familia de héroes es un honor que cuesta caro. Lo he pagado con una vida llena de sinsabores, temores, constantes agresiones, tantas preocupaciones, tantas noches en vela, amarguras, llantos, tribulaciones, todos esos sentimientos de impotencia, de los que jamás me pude reponer.

La constante persecución comenzó ni bien me casé. Lo hice en febrero de 1946, al mes quedé embarazada.

 

EL DICTADOR HIGINIO MORÍNIGO

1946, seis años de dictadura, Por entonces ya mi cuñado, el Coronel Rafael Franco, sobrevivía en Montevideo, con dignidad, pero vendiendo jabones. Duros años de exilio para un conductor tanto en el campo civil como el militar, liderazgo que lo condujo a la Presidencia de la República.

 

HERMANO DEL CORONEL RAFAEL FRANCO

Juan Manuel ya había sido dado de baja y declarado enemigo del gobierno, también extrañado en el Uruguay, tal vez por haber sido Jefe de Policía. Pero, como militar, amante de su carrera, jamás intervino en política partidaria, ni tan siquiera formó parte del Movimiento Febrerista. Nunca tuvo injerencia en política partidaria y aun así sufrió la pena del exilio, medida arbitraria y totalmente injusta, ya que tan sólo se dedicó a trabajar. Por el hecho de ser hermano del Coronel Franco, jamás dejaron de controlarle, de arrestarle. Otro castigo adicional, tampoco le pagaron sus haberes de retiro.


 

GESTAR UNA NUEVA VIDA EN TIEMPOS DE MUERTE

1946, año difícil, y mi embarazo fue de espanto, vomitaba todo el día, no dejaba de sentirme muy mal. Me pregunto hasta hoy cómo la situación política de un país puede ejercer una influencia tan nociva en una pareja, que lejos estaba de ser o desear ser protagonista de los sucesos más trágicos que recuerda la reciente historia paraguaya.

En la llamada "primavera democrática" volvió mi cuñado, siendo recibido como héroe, Una multitud impresionante lo aclamó, pero mis presentimientos se manifestaban en mi constante malestar.

Mis sobresaltos comenzaron a la semana de embarazo. Llevaron preso a mi marido por orden de Higinio Morinigo. El pretexto fue que le habría escrito una carta a su hermano. Primero estuvo en la Policía de la Capital, luego en la Comisaría de Trinidad, después en la cárcel pública, frente a la Catedral, trasladado a lo que fue el Colegio Las Teresas, hoy Centro Cultural Paraguayo Americano. Luego, los militares presos a Paraguarí, de vuelta a la Cárcel. En todos las prisiones las víctimas eran horriblemente torturadas. Cicatrices que nunca desaparecieron marcaron el cuerpo de mi esposo.

Eran miles de compatriotas privados de libertad. Sufrían frecuentes tiros de escopeta en el suelo, amedrentamientos permanentes, malos tratos sistemáticos retratados en las ropas ensangrentadas que me eran devueltas, así como los sombreros con rastros de sangre.

Eran miles de compatriotas y las colas de los familiares y amigos en filas, para hacerles llegar comida y ropa, esperas que duraban horas al sol, a las que hay que sumar las humillaciones y la prepotencia de los guardias. Hechos crueles: la espera, los insultos, la incertidumbre, las preguntas. ¿Estará vivo, o muerto corno muchos? ¿Y su integridad física?, ¿no lo habrán mutilado?

Era una muchacha de 22 años, recién casada, cuya luna de miel fue de hiel, la dulce espera un calvario que me llevaba a desesperados presentimientos de que el ser que se estaba gestando se alimentaría con las amargas experiencias que estaba viviendo. Angustias que, aún después del milagroso nacimiento de un niño sano, me impedían el sueño tranquilo o continuo.

Convivía con la zozobra y con la horrenda idea de que mi hijo no nacería normal, una pesadilla que duró nueve meses.

Una pesadilla que duró hasta la muerte de Juan Manuel en 1969.

Mi hijo Federico nació el 7 de marzo de 1947. La Patria estaba ensangrentada. La población en pánico, a mi marido lo habían liberado, salió una sombra, pero muy pronto se recuperó con la fuerza de la convicción de su inocencia y nuestra esperanza de que no volverían las persecuciones por causas familiares, por el grave delito de ser el hermano del Coronel Rafael Franco.

 

SIN DERECHO A LA DEFENSA

Toda la población pedía la libertad de los presos. Muchas señoras recurrimos a pedir los servicios de un abogado. Todos los casos fueron asumidos por el mismo, menos el de mi esposo, el que obtuvo su libertad gracia a la intercesión del Doctor Lorenzo Codas.

Especial mención y reconocimiento merece el doctor Ignacio Iramain, que alivió las heridas, frutos de las torturas sufridas por los encarcelados, entre ellos las de Juan Manuel, y hasta la herida de uno de los inhumanos herederos de Torquemada.

 

PARIRÁS CON DOLOR

La noche anterior, como sentía los dolores de parto, no podía resistir. Encontrar un médico: misión imposible. Mi esposo recorrió el vecindario pidiendo auxilio. Nadie. Pasaba el tiempo y yo me sentía desfallecer, hasta que por fin el señor Bacigaluppo, apenado, con gran coraje, poniendo en riesgo su vida nos llevó hasta la Cruz Roja en un camioncito de su propiedad. El camino hacia el Hospital era un infierno, la oscuridad total, el silencio alimentando el estruendo de las armas.

Gritos pidiendo auxilio médico. Luces apagadas y puertas herméticamente cerradas. Ante la decidida actitud de mi marido de tirar al suelo un portón de aluminio tuvieron que ceder y admitir mi internación y cumplir con su obligación de asistencia.

En este escenario de la Guerra Civil de 1947, nació un niño de ocho meses, pero normal. Yo considero que fue un milagro del deseo de la vida de perdurar, independiente de circunstancias adversas.

Independiente de los horrores de la guerra civil más cruel y traumática de nuestra historia reciente.

Ya de vuelta a la casa, con el bebé amamantando fui testigo de saqueos, asaltos de los pynandí. Eran los "defensores de Dios, patria y familia" en contra del contubernio "líbero-franco-comunista". Con sus revólveres o machetes se hacían de cuanto querían, de todo, hasta de sábanas, cubiertos, ropas, dueños de vida y hacienda. Escuchaba de violaciones, de asesinatos y las amenazas en contra de mi esposo eran mi vivencia cotidiana con el pánico.

Hoy tengo la convicción de que tan sólo el amor a mi marido, de mi marido a nuestro hijo, pudo amamantarlo, pudo alimentarlo con la leche de la paz y no de la guerra civil que se inficionaba no tan sólo en cada uno de nuestros poros sino en los de toda la Nación paraguaya sometida a la barbarie.

Los alimentos escaseaban, la población estaba hambreada. Yo tuve la suerte de vivir muy cerca de la casa de mis padres en Trinidad, y nunca me faltó comida.

 

EL VANDALISMO Y LA DIVISIÓN DE LA FAMILIA PARAGUAYA

Si bien la contienda terminó el vandalismo, los vándalos se apropiaron del Paraguay: los robos, los asaltos, las violaciones, los saqueos, los asesinatos, las venganzas. Los "pynandí" (bandas de delincuentes pertenecientes a una facción al Partido Colorado, triunfante) se cobraban así su botín de guerra.

Mucha gente abandonó sus casas para refugiarse en la de algún pariente, o en las Iglesias donde se sentían más seguras.

Los revolucionarios que cayeron prisioneros fueron objeto de duros maltratos y vejaciones difíciles de narrar y dolorosas de recordar.

El exilio de millares de compatriotas desintegró las familias paraguayas. La pobreza y la desolación convirtió a todo el país en un Vía Crucis.

Los colorados volvieron al poder y las Fuerzas Armadas, propiedad privada de la Asociación Nacional Republicana, y ésta al servicio de "sus militares", hecho que causó cuánta indignación en aquellos institucionalistas como mi esposo. Pero nadie la pudo expresar, ante el dominio del silencio impuesto por el terror, el miedo y el uso de la fuerza, la fuerza de las armas, esas mismas que fueran reliquias al servicio de la Patria en la defensa del territorio chaqueño, mancilladas por fratricidas herederos de Caín.

 

TODA UNA VIDA DESISTEMÁTICAS PERSECUCIONES

Las persecuciones continuaron de forma sistemática porque al Mayor Juan Manuel Franco Ojeda, militar de carrera, del arma de Infantería, sus méritos le llevaron a cumplir una misión en Martinica, pudiendo quedarse y, como dice la canción de Emiliano R. Fernández, Juan Manuel habría dicho, porque yo aún no lo conocía: "al llamado de la patria voluntario me alisté".

Ante la noticia de la contienda se embarcó hasta Río de Janeiro, y, de inmediato, al campo de batalla, a cargo del Regimiento Piribebuy.

Triunfante la Revolución de 1936 que llevó al Coronel Rafael Franco a la Presidencia de la República, Juan Manuel fue nombrado Jefe de Policía de la Capital. Razón suficiente como para ser castigado, como lo fue su hermano con la pena del exilio en el Uruguay.

Desde Martinica el gobierno le encomendó diversas funciones en Centro América. Estuvo en el Salvador con Agustín Pío Barrios, Mangoré, con quien entabló una amistad que con frecuencia recordaba, por la impresión que causaba la personalidad del creador, que le manifestó que nunca volvería al Paraguay, ya que acá la ingratitud, la falta de reconocimiento del arte, el nulo apoyo de las autoridades a la cultura, eran factores que lo alejaron definitivamente de la patria que, sin embargo, le inspirara sus más geniales creaciones, interpretadas por los más grandes guitarristas universales.

Desexiliado, de vuelta a Santísima Trinidad, al hogar, el que quedaba sobre la calle Itapúa, vecino de los Grandes Almacenes Cañisá, de propiedad de mis padres y de la casa contigua en la que vivíamos ocho hermanos y hermanas, se alejó de la vida militar y política, dedicándose tan sólo a ganar el pan con un trabajo honesto.

Yo lo veía pasar, sin animarme a confesar ni tan siquiera a mí misma la atracción que sentía por un hombre elegante, seductor, con varias novias y más admiradoras que un actor de las películas que veía en el cine familiar. Para mí fue como un sueño que llegara a mi casa y me propusiera matrimonio.

Uní mi vida a la de él hasta que "la muerte nos separó", con las esperanzas propias de una mujer y las ilusiones desmesuradas de la adolescente que seguía siendo. Tan sólo un gran amor pudo soportar tantas injusticias, hostigamientos, heridas que no terminan de cerrar y causan dolores de los que no me puedo recuperar, temores de los que no puedo desprenderme.

 

EN LIBERTAD CONDICIONAL

Vivimos todo el paso de los años en libertad condicional, nuestro domicilio bajo control constante. Nuestra tranquilidad amenazada, quebrantada por citaciones policiales, frecuentes privaciones de libertad en diversas Comisarías, la incertidumbre de la fecha de liberación.

Sufrimos persecuciones económicas al no permitirse a los empleadores que le dieran un trabajo de acuerdo con su capacidad, formación e inteligencia.

 

UN MIL QUINIENTOS GUARANÍES DE PENSIÓN

Después de muchos años él recibió una pensión de 1.500 guaraníes, una bofetada para un héroe honrado con las máximas condecoraciones de guerra.

En una ocasión, para disimular el control, ofrecieron guardia personal, y, ante nuestra negativa, alquilaron una casa enfrente. Desde allí eran informados todos nuestros pasos.

Sobresaltos constantes. Una vez un pobre hombre nos trajo una bolsa de yerba, lo llevaron preso. No recibíamos visitas de parientes ni amigos, cartas, libros, nada. En uno de los allanamientos se llevaron el Diario de Guerra del Coronel Franco.

 

CONTROLARON HASTA EL CADÁVER DE LA MADRE

Cuando murió mi suegra, doña Marcelina Ojeda viuda de Franco, procedieron a la revisión del cajón y del cadáver, fueron las honras fúnebres a una gran y sufrida madre paraguaya como tantas, como muchas, la que también convivió con el dolor de ver a sus hijos víctimas de las injusticias de regímenes crueles, de dictadores como Higinio Morinigo y Alfredo Stroessner.

Fue tal el terror que se apoderó de mí que me cuidé con DIU para no volver a quedar embarazada hasta que recién en 1953 nació una hija, Clara Mercedes.

Federico y Clara Mercedes crecieron como otros niños, estudiaron, obtuvieron el título habilitante para trabajar en una profesión. Él es escribano y ella abogada, pero se casó y vive en un establecimiento ganadero en la Provincia de Formosa con su marido e hijos, lugar en el que también fijo residencia.

 

Y HOY LA INSEGURIDAD

Vivo con mi hija porque, a pesar de haber heredado un solar histórico, la casa de los Franco Ojeda, en Santísima Trinidad, los delincuentes me asaltaron en tres oportunidades.

La inseguridad me impone alejarme de la casa en la que quisiera seguir viviendo.

 

QUISIERA VIVIR EN MI SITIO, EL DE MIS RAÍCES, EN TRINIDAD

La casa donde quisiera residir y que nos afanamos por conservar y preservar no tan sólo es un patrimonio histórico sino que para mies "mi lugar", ése que me trae todos los recuerdos de los momentos felices que compartí con Juan Manuel, cuyo cariño aliviara todos nuestros pesares. Vivimos acosados por razones externas y amparados por una complicidad y un compañerismo que nos mantuvo unidos. A pesar de algunas discrepancias y desacuerdos propios de un matrimonio normal, siempre se impuso la lealtad, el respeto, la cortesía de un hombre afectuoso, al que no le quebraron la moral, al que no lograron dañar el espíritu de justicia.

Juan Manuel fue un hombre honesto que educó a los hijos en valores y principios, que son semillas plantadas por el padre, y que son hoy árboles frondosos y fecundos.

 

RICA HERENCIA DE UN HOMBRE DE BIEN

Ese legado, que tenemos los tres, de Juan Manuel, nos condujo a todos a rechazar el ofrecimiento de Stroessner de rendirle honras fúnebres como héroe de la Guerra del Chaco. ¿Acaso la presencia de militares con uniforme de gala, banda de músicos, pudiera borrar la ignominia de las humillaciones y los acosos en vida, todo para quebrar la dignidad con la que lo enterramos y que sostiene nuestro recuerdo y admiración?

 

MI VIDA EN SANTÍSIMA TRINIDAD

De mi niñez se fijaron en mis recuerdos la vida en una sociedad bastante igualitaria, con mis hermanos, mis hermanas y yo, a pesar de pertenecer a una familia que podría ser considerada bastante pudiente. Mi padre, don José Cañisá Solé, era un referente y un pionero en toda esa comunidad peculiar de Santísima Trinidad, a la que siento está ligada mi vida, y, estando mis raíces en ese lugar, al no poder volver a mi casa por la falta de seguridad, la nostalgia y la melancolía me acompañan en este ocaso de una vida, que es la mía.

 

MI NÚCLEO FAMILIAR

A mi madre la recuerdo siempre embarazada, acompañando todos los emprendimientos de mi padre, cuya sola presencia imponía respeto. Un rito diario: las comidas a mediodía, la unidad de una familia compuesta por padre, madre, abuelos paternos.

Jamás salíamos a la calle a jugar. Todos íbamos a la Escuela República Oriental del Uruguay, escuela pública en la que estudiábamos niñas de todas las condiciones sociales y económicas.

 

NO SE INCENTIVABAN LOS ESTUDIOS SUPERIORES

Las mujeres, en la mayoría de los casos, tan sólo iban a la primaria. No se incentivaban los estudios superiores. El futuro estaba marcado por el casamiento, pero tampoco nos preparaban para vivir en pareja, sólo para las tareas femeninas, coser, bordar, no sólo como oferta de futuro sino como distracción.

Por ello quiero destacar la figura de una mujer que llevaba la contabilidad de los negocios paternos, la primera mujer Contadora, Avelina Escobar, una hazaña en 1940. Además vivía sola, era autosuficiente y respetada por su trabajo y su valor.

Más respeto que los propios padres imponían las maestras. Las peleas por llevarles el portafolios y el honor de poder hacerlo nos ponía contentos todo el día.

Todas las fiestas, todos los acontecimientos, quince años, nacimientos, fiestas de cumpleaños se hacían en las casas.

 

NO TENÍAMOS AMIGOS VARONES

No teníamos amigos. Los varones no visitaban a las mujeres, y, cuando lo hacían ya adquirían la responsabilidad de contraer matrimonio. Tampoco ellos se atrevían, tenían un temor o un respeto desmesurado hacia el padre o la madre de la amiga.

La máxima demostración permitida por las costumbres eran las serenatas a caballo, linda ocasión para comentarios de vecinos, tema de conversación que duraba varios días.

La autoridad del hijo mayor era una escuela para la posterior obediencia a los maridos.

Nos vestíamos con ropas cosidas en la misma casa, no se inventaron las marcas, jamás ir a la peluquería. Cada tanto, venía un peluquero a la casa y cortaba el cabello a todo el grupo familiar, sea hombre o mujer.

Las mujeres de mi familia fuimos privilegiadas porque, como mi padre era propietario del Cine Teatro Cañisá, podíamos ver a Plácido Domingo en películas o a Samuel Aguayo en vivo.

Sumisos, todos los hijos éramos agredidos por el "aceite de castor", el remedio más común y preferido por mi madre, repudiado por todos. Hasta hoy recuerdo el gusto que perduraba por una eternidad.


EL TEMOR A LOS HOMBRES

Crecimos todas las mujeres en el temor a los hombres. Nos decían "las mujeres juntas porque pueden ser violadas", única mención al sexo; porque de ello jamás se hablaba, jamás nos atrevimos a preguntar.

 

SEXO ERA MIEDO

Sexo era miedo, yo con diez y seis años aún vivía en el terror de ser violada por el pombero. La menstruación era sangre, sangre y cuarenta días sin poder lavarse la cabeza ni bañarse.

Las películas más pornográficas de la época de mi juventud eran aquéllas en la que la pareja de actores se daban un largo beso.

Grandes ansiedades nos producía la mención de un próximo viaje "al centro". Lo hacíamos vestidas como para la misa. Los preparativos duraban todo el día y la ilusión, varios. Nos llevaba nuestra madre a hacer compras en Segura Latorre y Compañía Gastón, Rius y Jorba, grandes tiendas de Asunción.

Otra ocasión para ir al Centro era asistir a las funciones de las Zarzuelas en el Teatro Municipal. Nos íbamos en el tren suburbano que llegaba hasta Luque, porque el "largo" tenía como destino Areguá.

Así transcurrió mi vida de mujer de otro siglo. Después la condición de la mujer fue cambiando, hoy son profesionales, independientes y me llena de satisfacción contar en mi familia con dos, mi nuera y mi hija. Ellas tienen las herramientas para afrontar la vida sin miedos, los conocimientos que les dio el acceso a una educación universitaria y un título que es presente y es futuro.

Un futuro que quisiera tuviera raíces en un pasado, en un patrimonio que mi padre nos dejó en herencia: el complejo Cañisá, que con mucho amor conservamos y del que mis hermanos, celosos custodios, pueden hablar como de "aquellos tiempos".


QUÉ TIEMPOS AQUELLOS

Aquellos tiempos en los que la vida pasaba por el cine Cañisá.

Santísima Trinidad, la Iglesia, la quinta de don José Gaspar, la casa de don Carlos Antonio, la Estación del Ferrocarril, los centenarios árboles, el Jardín Botánico. Edificios coloniales, las casonas de comienzos del novecientos.

Santísima Trinidad, patrimonio tangible de un pasado, de una historia que los paraguayos vamos borrando. Del Ferrocarril quedan una vías. La mansión de los Pellegrini, un recuerdo de generaciones anteriores. Iglesia e imágenes claman por una restauración. Ante la indiferencia de la población los Cañisá conservan el Almacén de Ramos Generales "atendido por su propio dueño" y el Cine, con las pantallas apagadas, pero con vida propia que llora su bullicioso ayer.

 

BARCELONA, 1909

El Hotel Internacional, Dos personas. Una de ellas, un caballero paraguayo, la otra don José Antonio Cañisá Solé, un inquieto catalán, joven y con ganas de "hacerse la América" acepta el generoso ofrecimiento del señor Valdovinos de hacer realidad su sueño, y, ya en Asunción, trabaja con su anfitrión para devolverle el importe del pasaje.


Y EL CORAZÓN DE TRINIDAD LATIÓ CON MÁS FUERZA

Empeño, destreza y laboriosidad le habilitan para hacerse de un capital, pequeño pero suficiente como para comprar un terreno, hechizado por Santísima Trinidad y, como todo pionero, tiene algo de visionario y mucho de "olfato comercial". Se instala el lugar adecuado para el mercadeo, de cara a la Estación del tren, del tranvía a "mulitas", a escasos metros de Santísimo Sacramento, frente al camino real que conducía a San José de los Campos Limpios, hoy calle Tapúa. En vecindad con la Liebig's, poderosa empresa de propiedad de ciudadanos ingleses, cerca del Matadero, de la Tablada, de la Iglesia, de las casonas de familias tradicionales, en el corazón de Santísima Trinidad, el que, desde la llegada de don José latió con más fuerza.

 

YTODO COMENZÓ CON UN PEQUEÑO ALMACÉN DE RAMOS GENERALES

Conversamos con Elizabeth, Felicinda y Marta Pamela, tres de los diez descendientes de don Cañisá, fruto de su matrimonio con el Paraguay y con Juana Martínez Morales. Las tres hijas, con nostalgia, recuerdan a su silenciosa, humilde, cordial e incansable madre. Mujer dispuesta a contribuir con los emprendimientos, si bien osados, siempre exitosos de un hombre decidido y trabajador.

 

Y LUEGO EL CINE Y EL TEATRO

Lo que fue en sus inicios un almacén de Ramos Generales pronto se convirtió en un complejo: el Bar, el Restaurante con una gran sala, donde se realizaban importantes recepciones como las del Centre Catalá, del Club Rubio Ñu y el cine con un salón y escenario en el que se ofrecían grandes espectáculos artísticos. Por allí pasaron las Compañías Teatrales más destacadas como las de Julio Correa, Roque Centurión Miranda, Ernesto Báez, entre otros. Actuaban de Orquestas Típicas y Características como la de los hermanos Orrego. Era el centro de la vida cultural de Trinidad. Emiliano R. Fernández y Darío Gómez Serrato eran asiduos visitantes, atraídos por el incomparable "bife a caballo con cebolla" y los "pastelitos", regados no precisamente con agua mineral. También el lugar fue testigo de reuniones políticas, sin distinción de bandos o banderas.

 

RAMOS GENERALES EUROPEOS

Todo el mobiliario del complejo fue importado directamente de Austria, sillones, sillas de esterilla, mesas y mesitas de la marca Tonetghnt.

Las mercaderías de origen inglés no podían faltar, dada la refinada clientela de la Liebig's y de otros europeos como el virtuoso pianista Brinicki. Un referente obligado: los bizcochos CANALE; de la Argentina, los que venían en un enorme envase de lata, fraccionados en vistosa presentación junto a los chocolates Nestlé, chocolatines Águila, La Martona.

Una tarea minuciosa, cortar los papeles, los que venían en resmas, en tamaños exactos para pesos exactos, ritual realizado en presencia de la clientela.

En cierto horario, como el de la llegada del tren, las personas esperaban pacientes el turno de atención, mientras disfrutaban de los célebres y crocantes "pastelitos" de carne, cuya fama trascendió la frontera de Santísima Trinidad, y aún más los que reverenciaban la Semana Santa, los de arroz.

 

...Y POR ALLÍ PASARON

Nicasio y Jesús Alberto Cañisá, hasta hoy, conservan una fracción de lo que fueran los grandes almacenes y despachan a clientes del vecindario. Ellos hablan de los históricos objetos y los vigilan con celo. Todos y cada uno de ellos forman parte de su vida, cuyo recuerdo se inicia en la niñez educada en el trabajo al lado de don José.

 

LAS MUJERES NO ATENDÍAN EL MOSTRADOR

Tan sólo los varones accedían al privilegio de atender al público. Las mujeres no debían exponerse a miradas indiscretas. Así fue que conocieron a personajes de la época como Jaime Peña, el biólogo Carlos Friebrich, el botánico Teodoro Rojas, el sabio Moisés Bertoni, Parodi, Nicolino Pellegrini, venido de Italia para formar la Banda de la Policía de la Capital, José Asunción Flores, con sus partituras envueltas en un pergamino de cuero y su afición por el mate cocido preparado especialmente para él.

Por el contrario, Emiliano R. Fernández acompañaba los pastelitos o el "a. caballo con huevo frito" con unas copitas de caña, en compañía de Darío Gómez Serrato, comentan.

El Cine Teatro Cañisá tenía su escenario, vestuarios y dos baños: uno para damas y otro para caballeros, sus caballerizas, para la gente que venía a caballo, en carreta o sulky. Desde sus cómodas butacas, el público pudo disfrutar de actuaciones en vivo de Gumersindo Ayala Aquino. Eladio Martínez, Samuel Aguayo, Félix Pérez Cardozo, Diosnel Chase, Elva y Dora del Cerro, hoy personajes míticos de nuestro folklore.

Compañías de Teatro, músicos, orquestas bailables, animaban las fiestas: Las mujeres siempre acompañadas, madres con todas sus hijas, una de ellas venía con los diez, desde un niño de pecho hasta las señoritas y adolescentes.

 

MUJERES VESTIDAS DE PERCAL

Las mujeres elegaban vestidas de percal, todas con polleras hasta el tobillo, los zapatos en una bolsa para cruzar los yuyales y arenales. Y el manto, que era como una segunda piel. Los hombres de saco y el sombrero de rigor, los niños con el "casó mboca í". Y bailaban, se formaban las parejas bajo la atenta mirada de madre, hermanos, hermanas, hermanitos, hermanitas, tías y todo el vecindario.

 

Y EL SÉPTIMO ARTE TAMBIÉN

Primero fue un chileno que llegó con su equipo portátil de proyección de películas. Aleccionado por el éxito, nuestro padre adquirió el proyector más moderno para la época y la pantalla más grande en plaza y así Trinidad contó con el primer cine de barrio del Paraguay, en invierno en la Sala cubierta y en verano en la Terraza.

 

VIVAN LAS CHICAS SIN BOMBACHA

Payasos con zancos recorrían el barrio y decían barbaridades como "vivan las chicas sin bombacha" para llamar la atención y vender el espectáculo. Acompañados del hombre Sándwich, anunciaban las tres funciones del día. Después ya fueron los camioncitos con parlante, uno de ellos, un Ford T, "que hasta hoy lo conservamos". Antes del matinée, familiar o noche, sonaba la campana tres veces pala alertar al público de la inminencia del inicio. Desde una vitrola ubicada en el fondo sonaba la música. Cine mudo hasta la tecnología del Cinemascope. Cada año en Semana Santa, con "La Pasión de Cristo", la gente lloraba sin disimulo. Tal vez haya sido escuela de perfeccionamiento para las famosas lloronas de Trinidad, contratadas para todos los velorios y entierros.

 

CONTINUARÁ

Vivimos tantas películas, en episodios, otras de gran éxito de taquilla como Ben Hur, Lo que el Viento se Llevó, las de Esther William, las del Oeste, Cumbres Borrascosas y la más taquillera de todos los tiempos. "Pelota de Trapo", de Armando Bó. Narran además que era lugar de citas de parejas, y, si alguna osaba darse un beso, todo el público gritaba "otra... yordo".

 

NO PODÍA ESTAR AUSENTE LA SOLIDARIDAD

Pero el complejo Cañisá no sólo fue sitio de recreo. Los acompañantes de los entierros que pasaban caminando, encontraban siempre cántaros con agua para calmar la sed y sillas para el descanso. Los hombres portaban el cajón fúnebre y las mujeres los sombreros de aquéllos. La no menos célebre Banda de Trinidad era parte del cortejo con aconjogantes sonidos de patéticas marchas.

Durante la Guerra del Chaco los salones se convirtieron en Escuela para Enfermeras a cargo del doctor Pellegrini. Durante las noches se organizaban funciones de teatro, actos culturales, con el objeto de recaudar fondos para algún Regimiento o para los Hospitales.

Durante las numerosas "revoluciones", mucha gente dejaba a sus hijas al amparo de don José Cañisá, ya que el mismo, no sólo como catalán, sino altruista y pródigo, se ganó el respeto de todos. Su domicilio nunca fue violado, como sucedía con frecuencia durante estas contiendas. Él era considerado como un representante de un gobierno extranjero, y, por ello, con inmunidad territorial.

Durante la Segunda Guerra Mundial se llegaron a proyectar películas filmadas en los Campos de Concentración proveídas por la BBC de Londres.

 

...Y HOY

Si bien casi todo se conserva gracias al esfuerzo de los hijos, este pedazo de historia reclama sensibilidad de las autoridades, de la población. Muchos objetos demandan restauración. Casi un siglo de una fracción de nuestro pasado, ese pasaporte que nos habilitará la entrada al futuro, corre el riesgo de no ser expedido. De nuestra memoria se desvanecerá otro patrimonio tangible que nos habla de aquellos tiempos en los que la vida pasaba por el Almacén, el Bar, el Restaurante y el Cine - Teatro Cañisá.

 

 

 

 

 

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